Por: Ferney Silva Idrobo

Foto Ferney Silva IdroboEn la banca del corredor de su casa, Luciano posaba sus ojos sobre el cerco verde de los cañaduzales que rodean su hogar en el norte del Cauca, 70 años cargaba ya su vida, de todo había tocado, desde sufrir el rigor de la violencia, la tristeza del desempleo, la falta del profesor de la escuela, hasta el calor que producía la compañía amable de su esposa, cincuenta años de matrimonio pero no de esos juntados de hoy, sino de los de verdad, esos que no necesitan papel sino una mirada profunda de pasión, claro!, que con el paso del tiempo se convierte en compasión.

Cuatro hijos, dos muertos en las fiestas de la vereda, sí, de la vereda, esas que cada año hacen en honor a un Santo, pero que al mismo Santo le toca salir porque el licor los vuelve a todos locos y terminan matándose entre amigos y vecinos, raras fiestas, aun así, dicen que no faltarán a las del próximo año.

El gobernante dice que si consume licor se aportan recursos para la Salud, bueno, nunca he entendido para la salud de quien, porque veo a la gente enferma de tantos males nuevos y viejos que no se ha dónde se van los recursos. Debe ser para decir Salud!, pero es solo para quienes con esos recursos construyen viviendas suntuosas, se cansan de comprar autos, viajan por el mundo y colocan gobernantes, si, esos mismos son los recursos que contribuyeron los hijos de Luciano, claro, a ellos los mataron en las fiestas de la vereda. Sin embargo mientras unos van al velorio otros gritan Salud! tomando Whisky.

Le queda una hija que tiene para Luciano 4 nietos, madre soltera y vendedora de cocadas y empanadas, un hijo que hasta hace un año trabajaba de jornalero, al que despidieron porque la finca donde laboraba fue invadida.

Sus reflexiones iban más allá de sus respuestas, pudo ser peor se preguntaba Luciano, mientras miraba el tejado de su casa que estaba a punto de caer.... Al menos se leer, se respondía así mismo; logró que solo llevaba 10 años.

Recordaba Luciano que no tuvo la oportunidad de prepararse ni pasar por la escuela, esta tardó 50 años en llegar a la vereda, claro, le dijeron los políticos que la llevarían en un año, demoró 49 años más de lo previsto. Pero su orgullo era su hija que termino el bachillerato - decía él - sino fuera porque trasladaron a la profesora por cumplir un compromiso político, ella hubiese obtenido unas buenas pruebas del Icfes, hoy hace unas deliciosas empanadas, se conformaba diciéndose el mismo.

Luciano tenía la sabiduría de los golpes, de acostarse sin comer, de los pies descalzos, del nacimiento con partera, de las promesas incumplidas, del terrible dolor de muela donde da cita el odontólogo cada ocho días y le faltan 7. Con esa sabiduría entendió que no valía la pena el refrigerio y beber el día de las elecciones; cuanta hambre padeció y humillación sufrió buscando el cumplimiento de las promesas: de la vía, del trabajo, de la cancha, del estudio.

Luciano arrepentido, sus ojos ya lloraban, en esas, su hijo el desempleado se acerca y lo saca de sus pensamientos, dice – papá!, viene el senador, vamos a la reunión? – con una mirada que solo la furia de Dios puede superar – le Contesta- Para que? – el hijo responde – hay refrigerio, licor y de pronto para que conozca que lo apoyo y esta vez de un empleo – Luciano lo mira con rabia, baja su mirada y con voz tranquila y serena – le contesta - vamos pero ojalá! le compre las empanadas a su hermana.

Luciano se levanta del viejo banco de su casa, se coloca el sombrero y sale tan rápido como su cuerpo lo llevase, con él lo acompañan sus propios demonios aunque ellos no pudiesen ya votar.


Arnoldo Palacios 1A los 91 años murió en Bogotá, el escritor Arnoldo de los Santos Palacios Mosquera, uno de los grandes novelistas de la literatura colombiana. Había nacido en 1926, en el municipio chocoano de Certegui y desde hacía más de 50 años residía en París. Fue un viajero incansable en sus periplos por varios países europeos y africanos. Sus novelas han sido traducida a varios idiomas, entre ellos el ruso. En su juventud en París estuvo muy ligado a los movimientos de descolonización de los países africanos y de las colonias francesas de Las Antillas al lado de Fran Fanón, Aimé Césaire y Leopold Sédar Senghor, entre otros.

Fue hijo de un minero con alma de carpintero de nombre Venancio Palacios, un reconocido líder liberal en esa comarca chocoana. Una de las cosas que más orgullo le generaba a este escritor chocoano era haber pasado la mayoría de su infancia entre las selvas y los ríos, en la vereda de Ibordó.

Por eso contaba sin rodeo de su infancia y cómo nació su vocación de escritor, “a mí me llevó a escribir, probablemente, el hecho que en mi infancia sufrí un ataque de poliomielitis que me atacó sobre todo las piernas, los músculos motores, yo tenía dos y ya caminaba, me fui a bañar y en el río me atacó el virus, pero después ya no pude caminar, no pude correr por el pueblo como lo había hecho siempre, ni ir al río a bañarme con mis amigos”.

“Entonces, tuve que permanecer mucho tiempo sentado y creo que eso me enseñó a meditar, a observar, porque que veía todo lo que pasaba, tenía que sentir todo lo que ocurría a mi alrededor, tenía que observar y escuchar lo que me contaban, lo que ocurría, y creo que mi cerebro y mi alma, mi ánimo, se llenaron de muchas cosas que tal vez era necesario que salieran afuera; creo que eso, más tarde, pudo influir en que me dedicara a escribir”.

Relataba que “a pesar que vivía en un pueblo cuya mayoría era analfabeta, tenía unos tíos que habían aprendido a leer y leían muchos libros importantes”. El padre de mi papá, nos leía en las noches “las Mil y una noches. Creo que allí comenzó a formarse mi interés por el arte de hablar, de contar historias”.

“A los doce años murió una prima, con la cual jugábamos siempre, fue una muerte prematura, y cuando la iban a enterrar, en la víspera que llamamos los chocoanos velorio, en donde se canta y se realizan ciertos ritos conmovedores, a mí se me ocurrió escribir unas palabras para el momento que la iban a colocar en la tumba, y ese discurso desató una enorme emoción, traducida por aplausos, y creo que allí nació la expresión directa de la necesidad de escribir por alguna razón”.

Entonces, a los veintidós años, dijo, “voy a escribir una novela urbana, que se desarrolle en Quibdó, entonces mi gran dilema era cómo escribir una novela en un espacio reducido, en donde aparezcan la complicación y las complejidades de los personajes y quise que estuviera un tiempo corto, pero muy rápido. La novela, ocurre, en un kilómetro cuadrado, todo lo que ocurre en ese espacio, y en ese tiempo es hablar del hombre, sus problemas, sus sueños, su vida íntima, su fuerza, su vigor, su esperanza y sus luchas por alcanzar mejor niveles de desarrollo y satisfacción colectiva y personal en todo los sentidos”.

Así nació la novela La Estrella son Negra, una de la mejores novelas de la literatura colombiana y fue la novela que los lanzo al estrellato como escritor. Novela que termino de escribir en 1948 pero, ya lista para ser llevada a un editor, se quemó en las revueltas del bogotazo como consecuencia del asesinato del líder políticos liberales Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril en Bogotá.

Arnoldo Palacios contaba que “ese día hubo muchos incendios, yo tenía el manuscrito al lado de una máquina de escribir, sacándolo en limpio, el verdadero manuscrito, escrito a mano, se quemo y las páginas que había copiando a máquina”. “Siempre dejaba todo junto y en uno de los edificios de la Avenida Jiménez, en donde escribía, el incendio acabó con el libro. Aprovechando el toque de queda; y como -no se podía salir por la noche-, y deseoso de que el libro existiera como lo había querido, me puse a reconstruirlo y, en realidad, lo hice en tres semanas, porque si no lo hacía inmediatamente no hubiera podido existir”. “Algunos me preguntan que si quedó mejor que el primer manuscrito, y yo no puedo decirlo, pero sí que yo me propuse escribirlo lo mejor posible, de manera que quedara a la altura de una novela de su género”.

“Las estrellas son Negras” su novela más destacada por la crítica es una novela urbana, escrita en un lenguaje sencillo pero con un profundo dramatismo en el desenlace de una historia que comienza a las tres de la tarde y termina a las seis de la mañana del día siguiente en Quibdó, en donde se sintetiza el drama de la marginalidad y la injusticia social que agobia a la sociedad chocoana pero con una mensaje universal sobre la pobreza y la desdicha del hombre en una sociedad injusta y clasista.

“Las estrellas son negras” es una novela que a través de la fatalidad del hambre y la falta de oportunidades económicas, sociales y políticas que sufre el protagonista, el autor hace un análisis histórico y sociológico profundo sobre las secuelas de la desdicha que sufren los desposeídos en una sociedad clasista e indiferente con el sufrimiento humano.

Habla de la indolencia del centralismo estatal ante crisis social de un pueblo agobiado por la desventura y el abandono, y hace una crítica descarnada de los niveles de corrupción en una sociedad dominada por la inmoralidad y la mediocridad de una clase dirigente que no asume con responsabilidad el liderazgo en la conducción de los destino de una región que requiere de grandes transformaciones para salir del atraso.

Esta novela es un testimonio del abandono a la vez una protesta contra la negligencia del centralismo y la incapacidad de la clase dirigente regional de liderar el progreso de una comarca que se debate entre la inopia y la displicencia estatal. Por la manera como el autor describe la realidad y con la hondura que expone el drama y la naturalidad que plasma el realismo, esta novela debe ser un texto obligado para los investigadores y los estudiosos de las ciencias sociales que quieren comprender con mayores elementos de análisis la realidad social del Chocó.

Arnoldo Palacios fue autor de otras novelas que han sido traducidas a varios idiomas como “La Selva y la Lluvia”,” El Duende y la Guitarra”, “En busca de mi madredios”. Esta última una autobiografía de su infancia en Certegui. Con su muerte se fue uno de los grandes escritores y novelistas colombianos.

Por el Colombiano







Sin títuloEl Banco de la República anunció la salida en circulación de los nuevos billetes de Colombia para 2016. La nueva familia de billetes, que no se cambian desde hace 18 años, tendrá dos grandes variaciones. La primera es que por primera vez habrá un billete de 100 mil pesos, y la segunda, que dos mujeres serán la imagen de dos de los efectivos. (Lea también Es una realidad: una mujer estará en el billete de 10 dólares)

A nuestro nobel de Literatura Gabriel García Márquez (quien estará en el billete de 50 mil pesos), al expresidente Carlos Lleras Restrepo (en el de 100 mil pesos), al exmandatario Alfonso López Michelsen (en el de 20 mil pesos), y al poeta José Asunción Silva (que seguirá en de 5 mil pesos), se unirán la antropóloga Virginia Gutiérrez, pionera en la investigación sobre la familia en Colombia (estára en el de 10 mil pesos), y la pintora Débora Arango, precursora del arte moderno en el país (quién estará en el de 2 mil pesos). (Lea también Colombia estrenará billetes y ahora tendrá uno de 100 mil pesos)
Esta no es la primera vez que mujeres están en el anverso de los billetes. En 1992, y como celebración de los 500 años del descubrimiento de América, el billete de 10 mil pesos tuvo en su impresión el retrato de una indígena embera. La imagen sólo estuvo hasta 1994 cuando fue reemplazada por la actual imagen de la heroína de la Independencia de Colombia Policarpata Salavarrieta.



¿Quiénes son las nuevas mujeres?

Débora Arango Pérez

Debora Arango PerezAcuarelista y pintora nacida en Medellín en 1910. Se le considera una pionera en el arte moderno de Colombia. Sus inicios fueron de la mano del maestro Pedro Nel Gómez, quien la acogió como una de sus discípulas en un taller donde primaba las técnicas expresivas.

Pero su postura rebelde y audaz, la llevó a separarse del maestro para darle más humanidad a su obra. Fue así como se convirtió en la primera mujer que se atrevió a hacer desnudos.

"Sus pinturas escandalizaron a la sociedad antioqueña: Obras impúdicas que ni siquiera un hombre debía exhibir...dignos de figurar en la antesala de una casa de Venus", dice el Banco de la República en su página citando a la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de lectores.

La Iglesia incluso amenazó con excomulgarla, pero eso no impidió que ella siguiera su gusto por que el arte "interpretara el anhelo de las masas", como ella lo llamó.

Violencia, marginalidad, hambre, sufrimiento, en fin, todos los males del país fueron retratados por Débora a través de personajes, por momentos desechados y desapercibidos: los presos, las prostitutas, las personas sin casa, los negros, la servidumbre, en una época de esplendor burgués.

Arango murió en 2005 en Envigado, Antioquia.

Virginia Gutiérrez

Virginia Gutierrez"Doce libros centrados en diferentes aspectos de la cultura y de la sociedad colombiana, algunos de ellos sobre la familia en particular y todos pioneros en la investigación científica de la compleja y diversa realidad nacional, constituyen el aporte invaluable de la antropóloga Virginia Gutiérrez a la ciencia y la cultura en nuestro país", dice la página del Banco de la República.

Virignia, proveniente de El Socorro, Santander, quizás es una mujer desconocida frente a las otras que han estado en los billetes, pero con una incalculable contribución al conocimiento de cómo fuimos y cómo somos los colombianos.

La familia, fue su eje de investigación y de su vida académica, que condensó en el libro Familia en Colombia. Trasfondo histórico, publicado en 1963.

Por Revista Fucsia




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Los expresidentes de Uruguay, José “Pepe” Mujica y de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva estarán en Medellín del 9 al 13 de noviembre, cuando la ciudad será la sede de la VII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales.

En las transformaciones democráticas, la justicia social y los procesos de paz, está el eje temático planteado para el evento, convocado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) para pensar la actual realidad latinoamericana y caribeña, así como los desafíos en los países de la región. El certamen que se realiza cada tres años es uno de los foros de discusión y producción en ciencias sociales más importantes del mundo.

Entre los invitados que han confirmado su asistencia están la senadora uruguaya Lucía Topolonksy, el vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera, además de Boaventura de Souza Santos, Baltasar Garzón, Suzy Castor, Juan Carlos Monedero, Jesús Martín-Barbero, Aníbal Quijano, Aldo Ferrer y Eugenio Raúl Zaffaroni, entre otros.

La conferencia reúne, además de estudiantes, a docentes e investigadores de diferentes universidades y centros de investigación, a dirigentes políticos y sindicales, movimientos sociales, representantes y agentes gubernamentales, periodistas y organismos internacionales. La idea es intercambiar experiencias, discutir y pensar colectivamente alternativas creativas para América Latina.

En total están programadas más de 30 conferencias magistrales, más de 260 paneles, además de talleres y reuniones de los Grupos de Trabajo de Clacso. Durante la conferencia tendrá lugar la XXV Asamblea General de Clacso, con la participación de los representantes institucionales de los más de 400 centros miembros .

Medellín será sede de la conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales

Por elcolombiano.com





por Andrés Páramo Izquierdo
Carlos Angulo Gongora
El efecto de intimidación fue parecido: los policías que arbitrariamente requisaron a Carlos Angulo Góngora, un ebanista de raza negra que les cantó la tabla en el centro de Bogotá la semana pasada, actuaron con prudencia ante la inminente viralización del video que grabó una ciudadana detrás de ellos. Los ve uno muy mansitos, haciendo gala de esa misma actitud que toman cuando los niños bien de Bogotá les escupen en la cara la frase de "usted no sabe quién soy yo". Carlos Angulo, sin embargo, hizo mucho más que eso: pronunció un discurso que explica en detalle lo que sufre una persona a la que le dan un trato distinto en la calle.

Si bien hubo rabia y cosas tiradas en el piso, y gritos de "(policía) hijueputa" (todos buenos ingredientes para que un video pegue duro por estos días), Carlos les expuso a los agentes al menos tres ideas hilvanadas de forma magistral. Una, del concepto de ciudadanía que predomina sobre la población de raza negra: "¿por qué no los requisas a ellos? Porque ellos son blancos, ellos son ciudadanos". La otra, de la legitimidad de la ley y quien la aplica: "este es un país donde los blancos y los negros son iguales ante la ley. Ésa (la policía) es la representación de la ley, a ver, ¿a quién más está parando a requisar?". La última, del rol de su comunidad: "es eso lo que me molesta: que este país hipócrita, que nos ha tenido a nosotros los negros haciendo una enorme contribución para la construcción de la Nación, no respeta nuestra humanidad. Es eso lo que me molesta". Más claro imposible.

Días después del episodio que lo volvió famoso, esperé a Carlos afuera de Dejusticia, un centro de pensamiento ubicado en el barrio La Soledad de Bogotá. El profesor César Rodríguez Garavito, su director, abrió la puerta para recibirme y, acto seguido, le sugirió a Carlos que no se fuera a lanzar a la política. A la par le entregó un puñado de libros sobre discriminación racial en las calles de Bogotá, perfiles de afrodescendientes hechos en Cali, otro sobre raza, vivienda y segregación, y uno final que hablaba de requisas hechas a discreción por parte de la policía. Todos dan buena cuenta de la realidad que yo fui a discutir con él: de acuerdo con la Encuesta de Policía y Desigualdad, desarrollada por ese centro, las personas afro o indígenas que tienen encuentros con la policía son requisadas el 32% de los casos; el resto de la población, el 26%. Los perfiles de hombres de raza negra hechos en Cali muestran cómo el prejuicio gana de forma sistemática: no solamente la policía los aborda de forma agresiva y preventiva, sino que siempre hay una mención a la raza: "este negro", "ese negro tan agresivo, hijueputa", "negro hijueputa", "ah, que deje la bulla, negro hijueputa"...

Es eso lo que nos molesta.
Carlos me sonrió y me extendió una mano agrietada y dura, ajada de tanto trabajar con ella en un taller de ebanistería del centro de Bogotá. Un lápiz le atravesaba el pelo negro ensortijado a la altura de lo que yo calculé como 1.90 de estatura. Imponente, alto, de voz gruesa, reflexivo. Supe después que no se arreglaba el pelo hace meses: la apariencia es su discurso, él debe sentirse orgulloso de quién es, de cómo su pelo se pone después de tres meses sin peinarlo. La idea que yo me había hecho luego de ver los tres minutos del video era incorrecta: no era Carlos un hombre exaltado y furioso, sino un hijo de Tumaco, Nariño, que entendió el racismo colombiano cuando en la Universidad Tecnológica de Pereira, hace diez años, a sus 23, los compañeros le cambiaron el nombre que le dieron sus padres por el genérico de "negro". De ahí en adelante se puso a estudiar por qué pasaba eso.

Me senté a hablar con él.

¿Cuándo te llegó la idea de que el racismo existía como fenómeno humano?
Lo conocí a través de Frecuencia Latina, un canal de televisión peruano que se transmitía en Tumaco por parabólica. Ahí mostraban mucho las películas de cine afroamericano. Mississippi en llamas, Raíces, Mandingo, bueno. Cuando llegué a Pereira a estudiar ingeniería mecánica me di cuenta de que no era algo del pasado de Estados Unidos sino de la realidad nacional. A partir de ese momento me di cuenta de que se me cambió el nombre: "moreno", "negro", "niche", todos estos apelativos que se han construido alrededor de nosotros. Empecé a experimentar el racismo, una actitud como... Discúlpame.

(Le suena el celular. Interrumpe. Me dice, luego de tres minutos de conversación, que lo invitaron a Washington a una conferencia).

¿En qué iba?
El racismo en carne propia...
Ah, sí. Yo seguía con mi ingeniería, tratando de creer que podría recibir esos apelativos y acabar la carrera, hasta que conocí a un profesor, Iván Vergara, quien me prestó un libro que me cambió el panorama. Me prestó los discursos de Malcolm X. Creo que no había leído nada con tanta dignidad sobre nuestra historia. Yo me dije: este país no necesita ingenieros, este país necesita es que se conozca esto a profundidad. Una de las cosas que me puse a pensar era cómo Malcolm X había desarrollado esa capacidad de analizar con tanto detalle la historia afroamericana. Entonces... Digamos que eso me despertó la pasión por estudiar. A partir de ese momento empecé a experimentar, a organizar a la comunidad, a conseguir cupos de la universidad para estudiantes negros. Me dediqué a eso. Estudié a Malcolm X, a Angela Davis, a Mandela, entre otros. No fui buen estudiante de ingeniería. La abandoné.

Luego empecé a venir a Bogotá al movimiento. Pude hablar con mucha gente de aquí de Bogotá.

¿Cuál movimiento?
Digamos que cada 21 de mayo se hacían unas reuniones en Bogotá. Y yo podía venir a ellas y veía que aquí había un nivel de compromiso alto. Había muchos colectivos. Estaba Cimarrón, me vinculé a Cimarrón en Pereira, conocí a Juan de Dios Mosquera (líder fundador de la raíz del movimiento en 1976), y empecé a experimentar la necesidad de conocer más. Ahí asumí una actitud mucho más frentera con los tratos que me daba la gente, y especialmente con el trato que me daba la policía, con quien he tenido muchos problemas.

¿Cuántos más? ¿Qué hizo diferente a este último?
Este creo que es el único round que he ganado con la policía. Lo gané por una sencilla razón: porque hubo una persona valiente que grabó y denunció. En los otros episodios las personas me veían como victimario y nunca les interesó conocer el trasfondo de por qué yo estaba confrontando a la autoridad.

Sales bravísimo en el video, hoy te veo muy sereno...

Cuando tú conoces la historia... Yo podría decir que merezco un pregrado en historia afrocolombiana. Yo he hecho eso voluntariamente, por pasión, por amor.

(Le suena el celular. Me dice que lo llamaron y le pusieron una canción. Calla. Piensa. Suspira. Arranca).

Lo que sucede es que yo me he podido dar cuenta de lo injusta que ha sido y continúa siendo la sociedad con nosotros. Ya no acepto el irrespeto. Si yo llego a un trabajo exijo que me llamen por mi nombre. Pero algunos me dicen que yo le digo a mi novia "mi negrita", que mi novia me dice "mi negrito". Sí, sí, sí... Eso yo veré a quién se lo permito.

En el caso del policía, yo le dije a él que no aceptaba que me llamara negro. Primero, me está quitando el tiempo. Segundo, me está escogiendo. Mira: esa es una zona universitaria, imagínate, eran las ocho de la mañana: ¿cuánta gente pasa por allá? ¡A las ocho de la mañana! O sea, no estamos de noche. Y yo iba de prisa. Si yo hubiera podido grabar su cara, su gesto inicial, que fue el que me indignó, su cara de desprecio hacia mi humanidad... No fue ni siquiera el término "negro", fue su mirada de desprecio, llena de prevención, su mano cerca de la pistola.

¿Por qué te paraste a dar el discurso al otro lado de la acera?
Porque iba pasando mucha gente. Yo le estaba hablando a la gente que pasaba, porque es una denuncia: "listo, tú dices que somos iguales, pero mira esto".

¿Antes habías dado discursos de protesta?
Todas las veces que me han requisado.

¿Siempre que te requisan te dicen así, "negro"?
En otras ocasiones me han dicho "niche". Nunca me han dicho "señor". No mereces que te digan "señor", la palabra "caballero" no corresponde a tu humanidad.

¿Tú crees que para la autoridad no eres un ciudadano?
Pero de segunda. El policía no tiene la misma actitud conmigo. La última vez me sucedió en el CAI, al frente del Hotel Continental, en un lugar que se llama Doña Ceci. Un hombre abrió la puerta de su carro y me pegó. El tipo se quedó mirando, bajó del carro y me dijo: "¿qué, negro?". Me dijo como: "te pegué, ¿y qué?". Entonces quise hacer un juego moral: fui a dar la queja a la policía en el CAI y el policía me dijo que me iba a meter al calabozo a mí. Yo llevo más o menos 12 años estudiando esto. Yo sé que la gran mayoría de personas mestizas o blancas no les gusta que yo camine detrás de ellas. Y si caminan delante de ti voltean la cabeza para atrás. Hasta chistes les hago. Por ejemplo, yo tengo una canción que a veces se las canto:

Te preocupas demasiado ante mi presencia
Y no he dejado de preguntarme si ha sido mi comportamiento

¿Es tuya?
Sí. Lo que sucede es que yo me he podido dar cuenta de lo injusta que ha sido y continúa siendo la sociedad con nosotros. Ya no acepto el irrespeto. Si yo llego a un trabajo exijo que me llamen por mi nombre.
¿Cómo te sentiste volviéndote famoso?
No te debes alegrar mucho por lo bueno ni entristecerte mucho por lo malo.

¿Cómo así?
Era la oportunidad que tenía para expresar mi pensamiento. Yo creo que la verdadera estrella es la chica que me grabó. Digamos que tú vas en un bus (esto pasa mucho) y te sientas en la ventana y al lado tuyo está la única silla vacía. Hay alguien que se sube, mira, le dices que se siente al lado tuyo y te responde "yo no me siento al lado de negros". ¿Qué crees que debería hacer la gente?

¿Indignarse?
Exacto. Y eso es lo que falta. Yo creo que la estrella es la mujer. Ella es muy importante en todo esto porque no asumió la misma actitud normal de la gente: ella se indignó.

En el fondo, de todas formas, tengo un as bajo la manga.

¿Cuál es?
Bueno, soy obrero, soy un hombre negro, pertenezco a un estrato económico que podría considerarse clase baja. Este país ha sido gobernado por delfines. Ese podría ser.

¿Lanzarte a la política?
No, no lanzarme. Cuestionar que en este país nunca haya estado en los escenarios de poder un hombre de la calle común y corriente, trabajador, de esos que se parte el alma todos los días para ganarse unos pesos.

¿Te gustaría ser político?
Claro. Pero no en esta estructura política. Me gustaría ser político si el pueblo se toma los escenarios de poder y decide que quiere transformar de manera profunda el curso de la sociedad. Ahí sí. En este escenario no. En este escenario terminaría siendo un corrupto con 25 millones de pesos mensuales, comiendo caviar y viviendo en el norte con un carro blindado y un montón de aduladores. Prefiero seguir trabajando de carpintero si es así.

Supongamos que este escenario no va a cambiar, ¿qué te gustaría hacer?
Quiero ver si puedo organizar a nuestra comunidad a partir de eso. Creo que algunas personas se sintieron representadas en lo que dije, entonces quiero decirles que llegó la hora de unirnos, organizar un nuevo escenario, una forma de hacer política en este país.

¿Y qué pasó con el derecho de la Universidad Autónoma de Bogotá?
Una profesora me dijo un día que no se podía llenar un vaso lleno. Yo discutía mucho con los profesores de derecho. Por ejemplo, un profesor me quería plantear que la democracia burguesa era lo más desarrollado que podía haber en democracia. En ese momento yo ya había conocido algunos textos que me explicaban que la democracia burguesa no resuelve los problemas de la clase proletaria, por ejemplo. Por eso me gusta mucho más ser autodidacta. Es ingenuo pensar que la clase opresora construirá un sistema educativo que le permita a la clase oprimida percibir de una manera crítica la injusticia social. Con el transcurso del tiempo me di cuenta de que en la academia no encontraba esa chispa de las clases sociales: te convierten en un robot que aplica normas. Me gustaría más algo como sociología, historia, pero que me dejen en libertad.

¿No te sentiste abrumado con tanta atención?
Sentí que debía respirar profundo para intentar retratar las necesidades que teníamos. Sentí que esto no era para mí sino para los oídos de quienes no han podido decirlo.

¿Cuál es el nivel más grande de discriminación racial que ves acá en Colombia?
El "endorracismo", producido por esa política racista que ha perpetuado en nosotros poco interés por nuestra valía como individuos. Ese desapego a nuestro propio ser. El hecho de que algunas personas se alisen su cabello, el hecho de que algunas personas no se quieran, que no se consideren hermosos. Ese nivel me parece muy problemático porque ya no eres el otro, sino que el otro te ha convencido a ti de que tú mismo te maltrates.

¿Ahora qué queda, ir a Washington?
Yo alguna vez dije que no estudiaría una carrera a las carreras. También dije que no pediría una visa para ir a Estados Unidos. Si fuera, me gustaría conocer la experiencia del pueblo. Si tengo que ir, aprovecharé para denunciar lo que sucede aquí.

¿Te gustaría dedicarte al activismo?
Yo soy un activista. Siempre me he dedicado a eso. Me gustaría trabajar en la nueva construcción social de este país.

Por: http://www.vice.com




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