Sin títuloEl Banco de la República anunció la salida en circulación de los nuevos billetes de Colombia para 2016. La nueva familia de billetes, que no se cambian desde hace 18 años, tendrá dos grandes variaciones. La primera es que por primera vez habrá un billete de 100 mil pesos, y la segunda, que dos mujeres serán la imagen de dos de los efectivos. (Lea también Es una realidad: una mujer estará en el billete de 10 dólares)

A nuestro nobel de Literatura Gabriel García Márquez (quien estará en el billete de 50 mil pesos), al expresidente Carlos Lleras Restrepo (en el de 100 mil pesos), al exmandatario Alfonso López Michelsen (en el de 20 mil pesos), y al poeta José Asunción Silva (que seguirá en de 5 mil pesos), se unirán la antropóloga Virginia Gutiérrez, pionera en la investigación sobre la familia en Colombia (estára en el de 10 mil pesos), y la pintora Débora Arango, precursora del arte moderno en el país (quién estará en el de 2 mil pesos). (Lea también Colombia estrenará billetes y ahora tendrá uno de 100 mil pesos)
Esta no es la primera vez que mujeres están en el anverso de los billetes. En 1992, y como celebración de los 500 años del descubrimiento de América, el billete de 10 mil pesos tuvo en su impresión el retrato de una indígena embera. La imagen sólo estuvo hasta 1994 cuando fue reemplazada por la actual imagen de la heroína de la Independencia de Colombia Policarpata Salavarrieta.



¿Quiénes son las nuevas mujeres?

Débora Arango Pérez

Debora Arango PerezAcuarelista y pintora nacida en Medellín en 1910. Se le considera una pionera en el arte moderno de Colombia. Sus inicios fueron de la mano del maestro Pedro Nel Gómez, quien la acogió como una de sus discípulas en un taller donde primaba las técnicas expresivas.

Pero su postura rebelde y audaz, la llevó a separarse del maestro para darle más humanidad a su obra. Fue así como se convirtió en la primera mujer que se atrevió a hacer desnudos.

"Sus pinturas escandalizaron a la sociedad antioqueña: Obras impúdicas que ni siquiera un hombre debía exhibir...dignos de figurar en la antesala de una casa de Venus", dice el Banco de la República en su página citando a la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de lectores.

La Iglesia incluso amenazó con excomulgarla, pero eso no impidió que ella siguiera su gusto por que el arte "interpretara el anhelo de las masas", como ella lo llamó.

Violencia, marginalidad, hambre, sufrimiento, en fin, todos los males del país fueron retratados por Débora a través de personajes, por momentos desechados y desapercibidos: los presos, las prostitutas, las personas sin casa, los negros, la servidumbre, en una época de esplendor burgués.

Arango murió en 2005 en Envigado, Antioquia.

Virginia Gutiérrez

Virginia Gutierrez"Doce libros centrados en diferentes aspectos de la cultura y de la sociedad colombiana, algunos de ellos sobre la familia en particular y todos pioneros en la investigación científica de la compleja y diversa realidad nacional, constituyen el aporte invaluable de la antropóloga Virginia Gutiérrez a la ciencia y la cultura en nuestro país", dice la página del Banco de la República.

Virignia, proveniente de El Socorro, Santander, quizás es una mujer desconocida frente a las otras que han estado en los billetes, pero con una incalculable contribución al conocimiento de cómo fuimos y cómo somos los colombianos.

La familia, fue su eje de investigación y de su vida académica, que condensó en el libro Familia en Colombia. Trasfondo histórico, publicado en 1963.

Por Revista Fucsia




por Andrés Páramo Izquierdo
Carlos Angulo Gongora
El efecto de intimidación fue parecido: los policías que arbitrariamente requisaron a Carlos Angulo Góngora, un ebanista de raza negra que les cantó la tabla en el centro de Bogotá la semana pasada, actuaron con prudencia ante la inminente viralización del video que grabó una ciudadana detrás de ellos. Los ve uno muy mansitos, haciendo gala de esa misma actitud que toman cuando los niños bien de Bogotá les escupen en la cara la frase de "usted no sabe quién soy yo". Carlos Angulo, sin embargo, hizo mucho más que eso: pronunció un discurso que explica en detalle lo que sufre una persona a la que le dan un trato distinto en la calle.

Si bien hubo rabia y cosas tiradas en el piso, y gritos de "(policía) hijueputa" (todos buenos ingredientes para que un video pegue duro por estos días), Carlos les expuso a los agentes al menos tres ideas hilvanadas de forma magistral. Una, del concepto de ciudadanía que predomina sobre la población de raza negra: "¿por qué no los requisas a ellos? Porque ellos son blancos, ellos son ciudadanos". La otra, de la legitimidad de la ley y quien la aplica: "este es un país donde los blancos y los negros son iguales ante la ley. Ésa (la policía) es la representación de la ley, a ver, ¿a quién más está parando a requisar?". La última, del rol de su comunidad: "es eso lo que me molesta: que este país hipócrita, que nos ha tenido a nosotros los negros haciendo una enorme contribución para la construcción de la Nación, no respeta nuestra humanidad. Es eso lo que me molesta". Más claro imposible.

Días después del episodio que lo volvió famoso, esperé a Carlos afuera de Dejusticia, un centro de pensamiento ubicado en el barrio La Soledad de Bogotá. El profesor César Rodríguez Garavito, su director, abrió la puerta para recibirme y, acto seguido, le sugirió a Carlos que no se fuera a lanzar a la política. A la par le entregó un puñado de libros sobre discriminación racial en las calles de Bogotá, perfiles de afrodescendientes hechos en Cali, otro sobre raza, vivienda y segregación, y uno final que hablaba de requisas hechas a discreción por parte de la policía. Todos dan buena cuenta de la realidad que yo fui a discutir con él: de acuerdo con la Encuesta de Policía y Desigualdad, desarrollada por ese centro, las personas afro o indígenas que tienen encuentros con la policía son requisadas el 32% de los casos; el resto de la población, el 26%. Los perfiles de hombres de raza negra hechos en Cali muestran cómo el prejuicio gana de forma sistemática: no solamente la policía los aborda de forma agresiva y preventiva, sino que siempre hay una mención a la raza: "este negro", "ese negro tan agresivo, hijueputa", "negro hijueputa", "ah, que deje la bulla, negro hijueputa"...

Es eso lo que nos molesta.
Carlos me sonrió y me extendió una mano agrietada y dura, ajada de tanto trabajar con ella en un taller de ebanistería del centro de Bogotá. Un lápiz le atravesaba el pelo negro ensortijado a la altura de lo que yo calculé como 1.90 de estatura. Imponente, alto, de voz gruesa, reflexivo. Supe después que no se arreglaba el pelo hace meses: la apariencia es su discurso, él debe sentirse orgulloso de quién es, de cómo su pelo se pone después de tres meses sin peinarlo. La idea que yo me había hecho luego de ver los tres minutos del video era incorrecta: no era Carlos un hombre exaltado y furioso, sino un hijo de Tumaco, Nariño, que entendió el racismo colombiano cuando en la Universidad Tecnológica de Pereira, hace diez años, a sus 23, los compañeros le cambiaron el nombre que le dieron sus padres por el genérico de "negro". De ahí en adelante se puso a estudiar por qué pasaba eso.

Me senté a hablar con él.

¿Cuándo te llegó la idea de que el racismo existía como fenómeno humano?
Lo conocí a través de Frecuencia Latina, un canal de televisión peruano que se transmitía en Tumaco por parabólica. Ahí mostraban mucho las películas de cine afroamericano. Mississippi en llamas, Raíces, Mandingo, bueno. Cuando llegué a Pereira a estudiar ingeniería mecánica me di cuenta de que no era algo del pasado de Estados Unidos sino de la realidad nacional. A partir de ese momento me di cuenta de que se me cambió el nombre: "moreno", "negro", "niche", todos estos apelativos que se han construido alrededor de nosotros. Empecé a experimentar el racismo, una actitud como... Discúlpame.

(Le suena el celular. Interrumpe. Me dice, luego de tres minutos de conversación, que lo invitaron a Washington a una conferencia).

¿En qué iba?
El racismo en carne propia...
Ah, sí. Yo seguía con mi ingeniería, tratando de creer que podría recibir esos apelativos y acabar la carrera, hasta que conocí a un profesor, Iván Vergara, quien me prestó un libro que me cambió el panorama. Me prestó los discursos de Malcolm X. Creo que no había leído nada con tanta dignidad sobre nuestra historia. Yo me dije: este país no necesita ingenieros, este país necesita es que se conozca esto a profundidad. Una de las cosas que me puse a pensar era cómo Malcolm X había desarrollado esa capacidad de analizar con tanto detalle la historia afroamericana. Entonces... Digamos que eso me despertó la pasión por estudiar. A partir de ese momento empecé a experimentar, a organizar a la comunidad, a conseguir cupos de la universidad para estudiantes negros. Me dediqué a eso. Estudié a Malcolm X, a Angela Davis, a Mandela, entre otros. No fui buen estudiante de ingeniería. La abandoné.

Luego empecé a venir a Bogotá al movimiento. Pude hablar con mucha gente de aquí de Bogotá.

¿Cuál movimiento?
Digamos que cada 21 de mayo se hacían unas reuniones en Bogotá. Y yo podía venir a ellas y veía que aquí había un nivel de compromiso alto. Había muchos colectivos. Estaba Cimarrón, me vinculé a Cimarrón en Pereira, conocí a Juan de Dios Mosquera (líder fundador de la raíz del movimiento en 1976), y empecé a experimentar la necesidad de conocer más. Ahí asumí una actitud mucho más frentera con los tratos que me daba la gente, y especialmente con el trato que me daba la policía, con quien he tenido muchos problemas.

¿Cuántos más? ¿Qué hizo diferente a este último?
Este creo que es el único round que he ganado con la policía. Lo gané por una sencilla razón: porque hubo una persona valiente que grabó y denunció. En los otros episodios las personas me veían como victimario y nunca les interesó conocer el trasfondo de por qué yo estaba confrontando a la autoridad.

Sales bravísimo en el video, hoy te veo muy sereno...

Cuando tú conoces la historia... Yo podría decir que merezco un pregrado en historia afrocolombiana. Yo he hecho eso voluntariamente, por pasión, por amor.

(Le suena el celular. Me dice que lo llamaron y le pusieron una canción. Calla. Piensa. Suspira. Arranca).

Lo que sucede es que yo me he podido dar cuenta de lo injusta que ha sido y continúa siendo la sociedad con nosotros. Ya no acepto el irrespeto. Si yo llego a un trabajo exijo que me llamen por mi nombre. Pero algunos me dicen que yo le digo a mi novia "mi negrita", que mi novia me dice "mi negrito". Sí, sí, sí... Eso yo veré a quién se lo permito.

En el caso del policía, yo le dije a él que no aceptaba que me llamara negro. Primero, me está quitando el tiempo. Segundo, me está escogiendo. Mira: esa es una zona universitaria, imagínate, eran las ocho de la mañana: ¿cuánta gente pasa por allá? ¡A las ocho de la mañana! O sea, no estamos de noche. Y yo iba de prisa. Si yo hubiera podido grabar su cara, su gesto inicial, que fue el que me indignó, su cara de desprecio hacia mi humanidad... No fue ni siquiera el término "negro", fue su mirada de desprecio, llena de prevención, su mano cerca de la pistola.

¿Por qué te paraste a dar el discurso al otro lado de la acera?
Porque iba pasando mucha gente. Yo le estaba hablando a la gente que pasaba, porque es una denuncia: "listo, tú dices que somos iguales, pero mira esto".

¿Antes habías dado discursos de protesta?
Todas las veces que me han requisado.

¿Siempre que te requisan te dicen así, "negro"?
En otras ocasiones me han dicho "niche". Nunca me han dicho "señor". No mereces que te digan "señor", la palabra "caballero" no corresponde a tu humanidad.

¿Tú crees que para la autoridad no eres un ciudadano?
Pero de segunda. El policía no tiene la misma actitud conmigo. La última vez me sucedió en el CAI, al frente del Hotel Continental, en un lugar que se llama Doña Ceci. Un hombre abrió la puerta de su carro y me pegó. El tipo se quedó mirando, bajó del carro y me dijo: "¿qué, negro?". Me dijo como: "te pegué, ¿y qué?". Entonces quise hacer un juego moral: fui a dar la queja a la policía en el CAI y el policía me dijo que me iba a meter al calabozo a mí. Yo llevo más o menos 12 años estudiando esto. Yo sé que la gran mayoría de personas mestizas o blancas no les gusta que yo camine detrás de ellas. Y si caminan delante de ti voltean la cabeza para atrás. Hasta chistes les hago. Por ejemplo, yo tengo una canción que a veces se las canto:

Te preocupas demasiado ante mi presencia
Y no he dejado de preguntarme si ha sido mi comportamiento

¿Es tuya?
Sí. Lo que sucede es que yo me he podido dar cuenta de lo injusta que ha sido y continúa siendo la sociedad con nosotros. Ya no acepto el irrespeto. Si yo llego a un trabajo exijo que me llamen por mi nombre.
¿Cómo te sentiste volviéndote famoso?
No te debes alegrar mucho por lo bueno ni entristecerte mucho por lo malo.

¿Cómo así?
Era la oportunidad que tenía para expresar mi pensamiento. Yo creo que la verdadera estrella es la chica que me grabó. Digamos que tú vas en un bus (esto pasa mucho) y te sientas en la ventana y al lado tuyo está la única silla vacía. Hay alguien que se sube, mira, le dices que se siente al lado tuyo y te responde "yo no me siento al lado de negros". ¿Qué crees que debería hacer la gente?

¿Indignarse?
Exacto. Y eso es lo que falta. Yo creo que la estrella es la mujer. Ella es muy importante en todo esto porque no asumió la misma actitud normal de la gente: ella se indignó.

En el fondo, de todas formas, tengo un as bajo la manga.

¿Cuál es?
Bueno, soy obrero, soy un hombre negro, pertenezco a un estrato económico que podría considerarse clase baja. Este país ha sido gobernado por delfines. Ese podría ser.

¿Lanzarte a la política?
No, no lanzarme. Cuestionar que en este país nunca haya estado en los escenarios de poder un hombre de la calle común y corriente, trabajador, de esos que se parte el alma todos los días para ganarse unos pesos.

¿Te gustaría ser político?
Claro. Pero no en esta estructura política. Me gustaría ser político si el pueblo se toma los escenarios de poder y decide que quiere transformar de manera profunda el curso de la sociedad. Ahí sí. En este escenario no. En este escenario terminaría siendo un corrupto con 25 millones de pesos mensuales, comiendo caviar y viviendo en el norte con un carro blindado y un montón de aduladores. Prefiero seguir trabajando de carpintero si es así.

Supongamos que este escenario no va a cambiar, ¿qué te gustaría hacer?
Quiero ver si puedo organizar a nuestra comunidad a partir de eso. Creo que algunas personas se sintieron representadas en lo que dije, entonces quiero decirles que llegó la hora de unirnos, organizar un nuevo escenario, una forma de hacer política en este país.

¿Y qué pasó con el derecho de la Universidad Autónoma de Bogotá?
Una profesora me dijo un día que no se podía llenar un vaso lleno. Yo discutía mucho con los profesores de derecho. Por ejemplo, un profesor me quería plantear que la democracia burguesa era lo más desarrollado que podía haber en democracia. En ese momento yo ya había conocido algunos textos que me explicaban que la democracia burguesa no resuelve los problemas de la clase proletaria, por ejemplo. Por eso me gusta mucho más ser autodidacta. Es ingenuo pensar que la clase opresora construirá un sistema educativo que le permita a la clase oprimida percibir de una manera crítica la injusticia social. Con el transcurso del tiempo me di cuenta de que en la academia no encontraba esa chispa de las clases sociales: te convierten en un robot que aplica normas. Me gustaría más algo como sociología, historia, pero que me dejen en libertad.

¿No te sentiste abrumado con tanta atención?
Sentí que debía respirar profundo para intentar retratar las necesidades que teníamos. Sentí que esto no era para mí sino para los oídos de quienes no han podido decirlo.

¿Cuál es el nivel más grande de discriminación racial que ves acá en Colombia?
El "endorracismo", producido por esa política racista que ha perpetuado en nosotros poco interés por nuestra valía como individuos. Ese desapego a nuestro propio ser. El hecho de que algunas personas se alisen su cabello, el hecho de que algunas personas no se quieran, que no se consideren hermosos. Ese nivel me parece muy problemático porque ya no eres el otro, sino que el otro te ha convencido a ti de que tú mismo te maltrates.

¿Ahora qué queda, ir a Washington?
Yo alguna vez dije que no estudiaría una carrera a las carreras. También dije que no pediría una visa para ir a Estados Unidos. Si fuera, me gustaría conocer la experiencia del pueblo. Si tengo que ir, aprovecharé para denunciar lo que sucede aquí.

¿Te gustaría dedicarte al activismo?
Yo soy un activista. Siempre me he dedicado a eso. Me gustaría trabajar en la nueva construcción social de este país.

Por: http://www.vice.com




Paola Salgado 1
Cuatro horas duró el allanamiento, en la biblioteca escarbaron todo, carpeta por carpeta, hoja por hoja, cajón por cajón... ese día, un miércoles 8 de julio empezó la pesadilla de Paola Salgado y doce jóvenes más.

“La sensación cuando irrumpen tu intimidad es indescriptible... no me imaginaba la dimensión de lo que estaba pasando”, dice Paola de 33 años, abogada y defensora de derechos humanos, al relatar el momento en el que su hogar fue allanado por decenas de hombres armados, que irrumpieron en el lugar mientras ella se disponía a arreglarse para salir a un evento de trabajo en el marco de la defensa de los derechos de las mujeres, eje central de la vida profesional de la abogada.

“Me encontraba en la tranquilidad de mi casa con mi esposo y mis dos perros”, cuenta Salgado. Al notar toda la parafernalia de la policía, pensó que habían robado algún apartamento del conjunto residencial donde vive. Su apartamento ubicado en el quinto piso de un edificio en el barrio Nicolás de Federmán, estaba acordonado por agentes de la fuerza pública.

De pronto golpearon su puerta, ella la abrió con tranquilidad pues hacía parte del consejo de administración del edificio. Varios hombres armados que gritaban y buscaban a la “femenina”, ingresaron a su apartamento.

“No me miraban, no sé qué esperaban encontrar”, cuando los hombres armados entraron a su hogar, ella los detuvo, se paró en la puerta de su apartamento casa y a uno de ellos le dijo con seguridad, “a mí me explican qué pasa, usted a mi casa no entra armado, baje el arma o se sale”.

Uno de los agentes de la policía alegó que tenían una orden de allanamiento en su contra, ella, asustada y en shock, llamó a su esposo con el que lleva 13 años conviviendo, “le dije que saliera con cuidado y despacio, porque pensé que si salía rápido o afanado se atrevían a disparar... no entendía qué pasaba, no sabía qué había hecho”. Lo primero que se le vino a la cabeza fue que ese hecho estaba relacionado con su trabajo, ya que antes había sido perseguida por entidades del Estado como la Procuraduría, por su labor a favor de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

“Como abogada revisé muy bien todo”, dice Paola, asegurando que tenía que haber puesto en práctica algo de lo que había aprendido en la Universidad Nacional donde estudió derecho.

No quiso empacar nada. En una bolsa muy pequeña, llevó un cepillo de dientes, un jabón, un antibacterial, y otros elementos básicos de aseo. “Pensé... en tres días, máximo el fin de semana tardaría en solucionar esta situación, le dije a mi esposo que no le contara nada a mi familia para no preocuparlos”.

Cuando Paola empezó a darse cuenta de la magnitud de la situación, al escuchar los comentarios de sus amigos, familiares y abogados, sobre la forma como los medios masivos hegemónicos estaban tratando el hecho, por su experiencia como abogada y en el movimiento social en Colombia, inmediatamente pensó... “nos destruyeron la vida... aquí te matan, te desaparecen o te encarcelan, esas son las formas de callar a quienes nos atrevemos a cuestionar lo que pasa en este país”.

En los titulares de los medios de información tradicionales las palabras terrorismo, atentados en Bogotá, guerrilleros y ELN, eran típicas cuando de nombrar este hecho se trataba. Como si fuese una película de acción, se mostraban una y otra vez las imágenes del “gigantesco operativo” de la policía, por el cual el presidente Juan Manuel Santos felicitó a esta institución, y al tiempo, condenaba la vida de jóvenes defensores de derechos humanos, de los derechos de las mujeres, de la libertad de prensa, líderes en trabajo con comunidades y luchadores por la educación pública y de calidad.

Nadie “cayó”, la policía pudo entrar normal a las casas de los jóvenes pues muchos de ellos abrieron tranquilamente la puerta sin entender qué sucedía.

Terrorismo, rebelión, lesiones personales agravadas y daño en bien ajeno, eran los delitos de los que se les acusaba en los medios de información a estos trece líderes sociales. 30 años de cárcel era la condena que el Ministro de Defensa, el Fiscal General y Santos celebraban, tras haberlos capturado en “uno de los operativos más grandes e importantes contra una estructura de la guerrilla”, como afirmaban ante las cámaras de televisión y en directo a todo el mundo.

Pese a que a los activistas se les tildaba de guerrilleros, los hechos por los que se les acusaba no tenían nada que ver con las explosiones en las sedes de Porvenir el 2 de julio en Bogotá, de hecho, en ninguna audiencia se les nombró cargo alguno por esos atentados.

Paola se dio cuenta que debía enfrentar ese acontecimiento de su vida con la cabeza fría y como lo que era, una abogada. “Siempre intentaba hacer muchas preguntas sobre el paso a paso para entender que se venía y prepararme mentalmente para eso”, ella afirma que los capturados ese 8 de julio eran el “chivo expiatorio” del momento, “estamos ante un gigante que es el Estado, en una pelea que no es limpia... estaba preparándome para una cosa de meses o años” no de días como lo había pensado en un principio.

En la cárcel
Durante el primer mes los trece jóvenes permanecieron en una URI de la policía, donde fueron divididos en hombres y mujeres. Desde ese momento, la vida de los trece pasó a manos de terceros, sufrieron la pérdida total de la libertad y la pérdida absoluta de la intimidad.

Paola, Lorena y Lizeth, se convirtieron en un apoyo mutuo ante “la montaña rusa de sensaciones y sentimientos, entre la tranquilidad y estar invadida de llanto y tristeza", dice con la voz quebrada la abogada.

El 28 de julio, la juez 72 de Bogotá ordenó la detención preventiva en centro carcelario, alegando que con esa decisión se evitaba la obstrucción de la justicia y se buscaba proteger a la comunidad de la Universidad Nacional. Mientras se anunciaba la medida, una parte de la comunidad estudiantil de la que hablaba la juez, se encontraba fuera de los juzgados de Paloquemao, con tambores y arengas, apoyando y fortaleciendo a los trece jóvenes, “la movilización social nos animó, nos llevó a no perder la esperanza, no nos íbamos a derrumbar tan fácilmente”, expresa Salgado.

Paola fue acusada por los delitos de porte, tráfico y fabricación de armas de uso privativo de las Fuerzas Militares y violencia contra servidor público agravado.

En la cárcel del Buen Pastor fue internada junto a Lizeth y Lorena, las tres se volvieron reclusas en el patio número siete, una sección de alta seguridad donde principalmente hay presas políticas o vinculadas con terrorismo o rebelión.

Lorena Romo, de 23 años, es politóloga de la Universidad Nacional y antes de que empezara todo este capítulo en su vida, estaba lista para iniciar su especialización en Políticas Públicas, en la Universidad Externado de Colombia. Durante 2015, había trabajado como Gestora Social del Distrito, desde la Secretaría de Educación, con un desempeño intachable.

La otra compañera de Paola era Lizeth Acosta de 21 años, estudiante de la Universidad Pedagógica de IV semestre de licenciatura en ciencias sociales. Al igual que Salgado, Lizeth se desempeñaba como defensora de los derechos de las mujeres y actualmente estaba dedicada a la construcción del consejo estudiantil en la UPN.

Durante aproximadamente dos meses, no recibieron un solo rayo de sol, no pudieron respirar el aire de la naturaleza, no podían ir solas a ningún lugar, ni a la biblioteca, ni al médico. Metidas en los muros de esas paredes frías del Buen Pastor sentían que debían pedir permiso hasta para respirar, “todo el tiempo te recuerdan que no eres una persona, que no tienes ningún derecho y que no eres nadie”, esa sensación era el pan de cada día de las tres mujeres, la misma de miles de reclusas en el país.

“Siempre he afirmado que la agenda de los derechos de las mujeres está muy al final de las reivindicaciones sociales”, asegura Salgado, “lo que es la realidad de las mujeres que están privadas de la libertad es una situación que es completamente invisible”.

Paola asegura que si el fin de la cárcel es reeducar, resocializar y brindar una nueva oportunidad a las mujeres, este espacio lleno de barrotes y en medio de un ambiente gris, sirve para todo menos para cumplir con ello.

Desde el análisis de una mujer que lucha en contra del patriarcado, la abogada pudo visibilizar fácilmente que en la cárcel hay una reproducción del rol de la mujer al cuidado de los otros, un rol papel que imposibilita el empoderamiento de las reclusas como mujeres, pues son obligadas a realizar actividades de cocina, peluquería o lavandería “lo que impide que haya una posibilidad de desarrollarse individualmente... La cárcel es una oda al ocio”, señala Paola.

Esta situación dejó inquieta a Paola quien asegura que es urgente evidenciar y visibilizar esa problemática.

Los temores en medio de la libertad
Dos meses y tres días, duraron privados de su libertad.

El 11 de septiembre, el juzgado 44 del circuito, ordenó la libertad de los trece jóvenes capturados por la realización de una protesta estudiantil, todos fueron dejados en libertad, luego de que se declarara ilegal la captura por sobrepasar vencimiento de términos.

Paola asegura estar feliz, ahora puede enfrentar ese proceso desde la libertad, sin embargo el daño ya está hecho, el tiempo ya está perdido, y ella teme por su vida y la de sus familiares. “Defenderse en libertad es otra cosa, pero asomarme a la ventana o poner un pie en la calle es aterrador”, se trata de una sensación de pánico constante de la que ahora vive acompañada. Cuenta que varias veces escuchó a las personas que acompañaba decir que estaban perturbadas por el miedo, pero jamás imaginó que ella algún día llegaría a sentir los mismo que le relataban sus defendidos.

“El temor por la vida y la integridad es el día a día, pienso que me va a pasar algo mientras duermo”. En medio de risas nerviosas, cuenta que en las noches mientras intenta disfrutar de su cama, que tuvo que dejar por dos meses, le pide a “Mauri”, como ella llama a su esposo, que la abrace por la espalda y la cubra, pues ahora le da miedo dormir con la espalda descubierta pensado que algo le pueda suceder.

Paola cuenta que cada vez que los desplazaban de un lado a otro cuando estaban en manos de las autoridades, era todo un “show” armado, como si llevaran al capo de los capos, algo que ella veía como un montaje de teatro para justificar que los mataran o los desaparecieran.

En la libertad las preguntas y los temores son constantes, “¿Quién nos garantiza nuestra seguridad cuando fuimos expuestos? ¿Qué tanto puede molestar nuestra libertad a los que están detrás de todo esto?”.

Aprendió a valorar las cosas más simples de la vida, las amistades, la solidaridad, las redes de afecto y de apoyo. Su madre, su esposo, tíos, abuelos, primos y sobrinos han tenido los gestos de apoyo más incondicional desde el primer día de la captura, intentando alivianar la situación, manteniéndola firme, de pie con su sonrisa y “la dignidad bien puesta”, relata Paola.

Este es un episodio que no solo se ha llevado una parte de la vida de esta defensora de los derechos de las mujeres, sino que además se ha llevado a su familia por delante, e incluso, se llevó la vida de uno de sus perros. “Su hijo” como ella le dice, tenía 10 años y no soportó la situación “para mí es muy duro que me digan que se murió de tristeza”.

Es una cadena de afectación interminable, que aún continúa vigente, pues todavía falta un largo camino para que los trece jóvenes recobren por completo su libertad.

“A veces uno no se imagina que tiene tanta fuerza alrededor”, dice extrañada, no solo por el apoyo de sus familiares sino por su carácter fuerte, que fue algo que la ayudó en medio de la adversidad.

Paola se dedica a poner en orden su espacio vital, ese que en aquel 8 de julio a las 6 de la mañana no solo fue allanado, sino violentado, destruido, y perturbado. Ahora se dedica a recuperar esos dos meses y tres días desperdiciados sin su familia, su esposo e “hija” (su perrita). Ahora se prepara junto a sus abogados para enfrentar el proceso que apenas comienza, pero con la dignidad absolutamente intacta.

Tomado de Contagioradio.com 





mariana pajon 1
Iba a tanta velocidad, que solo las vallas de seguridad al final de la meta lograron frenar a Mariana Pajón.

En una carrera épica, para guardar en la memoria, la colombiana demostró, una vez más, por qué es la número uno del bicicrós luego de imponerse, en la línea de sentencia, a la venezolana Stefany Hernández, en la última parada de la Copa Mundo de supercrós en Rock Hill, E.U., triunfo que le aseguró el título general del certamen disputadas cinco válidas. Tercera entró la holandesa Laura Smulders.

“En todos los años que llevo en el bicicrós, que ya son como 40, nunca había visto una final tan emocionante como la que nos regaló Mariana, ¡Qué espectáculo! Viva Colombia, Dios bendiga a la reina”, expresó con orgullo Martín Posada, gerente de la Comisión Antioqueña de Bicicrós.

Y como indica Posada, fue una carrera que hizo erizar la piel. Si Hernández ganaba y Pajón quedaba tercera la corona hubiera sido para la venezolana. En una pista mojada, tras la lluvia que cayó, la antioqueña, que el viernes anterior había ganado la prueba a tiempos, se movió de nuevo como pez en el agua; salió por el carril uno, supo dominar su bicicleta para no salirse del recorrido y para evitar una caída cuando se rozó con la local Alice Post, quien sí fue al piso.

Tras ese impasse, Mariana quedó en la tercera posición, pero rápidamente recuperó un lugar y no paró de pedalear hasta alcanzar a la venezolana Hernández, quien tendida en el piso, luego de terminar la competencia, no podía creer que se le hubiera escapado el triunfo gracias a la rapidez de la colombiana.

Mariana se sentó al lado de la rival, la felicitó por su actuación y luego se levantó para celebrar por partida doble. Recibió abrazos, besos del público, luego indicó: “gracias de corazón a todos los colombianos, este triunfo es para todos ustedes”.

De esta manera, Pajón se ratificó como la mejor del mundo y dejó claro que está fuerte para ser protagonista en 2016, año en el que apuntará a dos grandes objetivos: el Mundial, a celebrarse en mayo próximo en la pista que lleva su nombre, en Medellín, y los Juegos de Río, donde precisamente estará el próximo fin de semana haciendo un test y familiarizándose con la pista en la que espera conquistar su segundo oro olímpico.

Por elcolombiano.com

Secretario general ONU 1
14/09/2015. Resolución para revitalizar la Asamblea General recoge las principales propuestas de la delegación colombiana que incluye la posibilidad que una mujer sea electa para tan importante cargo.

Una mujer podría ser elegida para suceder al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon en diciembre de 2016, de acuerdo a una nueva resolución adoptada por la Asamblea General.

Este cambio es considerado histórico, puesto que según la antigua resolución solo podía aspirar al cargo "un hombre eminente".

La resolución revitalizadora establece pluralidad de candidatos y otra serie de mecanismos que habían permanecido intactos desde 1946.

La resolución A/69/1007 del 11 de septiembre de 2015,contiene en gran parte las propuestas presentadas por la delegación colombiana y marca un giro histórico en el proceso de selección y nombramiento de los próximos secretarios generales de la organización.

Al respecto, la embajadora de Colombia ante la ONU, María Emma Mejía señaló "que ha llegado el momento de considerar la elección de una mujer para el cargo de Secretario General y, en ese sentido, la adopción de la resolución para la revitalización de la Asamblea General constituye, sin dudas, un paso en la dirección correcta".

Por www.voanoticias.com




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