Varias-personas-portan-banderas-rusas-durante-una-manifestacion-en-apoyo-a-los-rusos-de-Crimea
En 1954 Nikita Kruschev dirigente de la ex Unión Soviética regaló a Ucrania la península de Crimea, un territorio de 26.100 Km que entró a formar parte del imperio Ruso en 1783 como consecuencia de una victoria militar sobre los turcos en el Mar Negro. A raíz de las recientes perturbaciones políticas generadas por un sector pro-occidental de derecha y bandas paramilitares que se oponen a los vínculos comerciales con Rusia las cuales culminaron con un golpe de estado y la destitución del presidente Ucraniano Victor Yanukóvich, el parlamento prorruso de la República Autónoma de Crimea declaró su independencia y convocó a sus ciudadanos a un referéndum el próximo 16 marzo para decidir el estatus político de la península. En esta consulta los ciudadanos decidirán si se anexionan como sujeto federal a la Federación Rusa o si se declaran república independiente.

Para las potencias europeas incluyendo los Estados Unidos, la declaración de independencia del parlamento de Crimea es ilegal por cuanto viola la constitución de Ucrania y las leyes internacionales, sin embargo, cuando en el 2008 el parlamento de Kosovo aprobó separase de la República de Serbia, estas mismas potencias no solo apoyaron la aspiración separatista de Serbia sino que además, reconocieron sin más el nuevo Estado. Hoy la historia se repite; pero a la inversa, lo que deja al descubierto el doble rasero de la diplomacia internacional.

El próximo 16 de marzo Crimea con sus 2.400.000 habitantes decide su futuro. Con un 58% de población rusa, 24% de ucranianos y 12% de Tártaros, y el ruso como su lengua materna, esta pequeña República, clave en la geopolítica internacional, se desligará de la tormentosa Ucrania para anexionarse sin duda a la Federación Rusa.
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