TRAGEDIA

Cuando a las 8:30 de la noche comenzaron a aparecer grietas de distintos tamaños en las paredes de la mina, el temor hizo del duro trabajo de esa noche, una carga más para quienes por necesidad asumieron que ese día no iba a ser diferente a los demás. A las 9:00 la tierra comenzó a lamentarse; a chirriar, y a llamar la atención más severamente a quienes todavía nada daban por hecho. A las 9:15 un pequeño derrumbe y luego otro encendió las alarmas, muchos salieron espantados, pero otros, no creyeron. Y a las 9:30, la tragedia. A esta hora se encontraba aproximadamente 200 campesinos-mineros, cuatro horas antes más de 1000. Entre los muertos un soldado del ejército que justo ese día había salido de permiso y un joven que recién había salido de la cárcel, y otros y otras 20 o 25 mas, no se sabe, cada uno con una historia diferente.

Pero esta tragedia no solo va de la mano con los muertos, ni con los grandes titulares de prensa. A un lado hay también una familia y el drama de quienes perdieron a sus hijos y a sus padres; Doña Herminia perdió 5 hijos y dos nueras y, solo le pide al gobierno, ayuda para un sepelio colectivo. También murió Felipe, un perro que, extrañamente, ese día, hasta el último momento y pese a su inquietud, no quiso separarse de su amo.

Esta tragedia pudo haberse evitado, ya nosotros la habíamos anunciado, y ninguna autoridad hizo algo, ni lo más mínimo, ¿Por qué?. Tal vez porque el negocio era demasiado rentable para todos; algunos policías por permitir el ingreso de las máquinas retroexcabadoras a la zona de extracción minera (por cada una 3 millones de pesos); algunos fiscales por pasar información a las BACRIM de los operativos del ejército, y algunos miembros del ejército por prestar seguridad a las BACRIM y al transporte del oro. El desmadre de Santander de Quilichao ha llegado a tal extremo, que como en las peores épocas de la presencia paramilitar en este municipio, hoy el miedo y el silencio se apoderó de los ciudadanos.

Pero no es solo la tragedia provocada por la pérdida de vidas humanas la que debe de conmovernos, es también la tragedia ambiental; los rios Quinamayó y Agua Clara prácticamente desaparecieron en una franja de entre 4 y 5 km, hoy convertidos en un lodazal de aguas inmundas, y de mercurio y cianuro, son la evidencia palpable de la ineficiencia de los organismos ambientales; CRC y Ministerio de Ambiente. Recuperar lo que hasta hace muy poco fue considerada la última reserva agrícola del norte del Cauca es prácticamente imposible.

Para finalizar quiero retomar una pequeña parte del discurso del Presidente Juan Manuel Santos, pronunciado en enero, en la ciudad de Popayán: "Escuchamos ayer y escuchamos hoy versiones, historias, denuncias, de cómo la minería ilegal está acabando con nuestro medio ambiente, cómo está contaminando nuestros ríos y cómo está produciendo cada vez más violencia y más inseguridad en aquellas zonas donde está operando. Por eso una de las decisiones que tomamos... combatir con mucha más eficacia y con mucha más contundencia esta minería ilegal..."


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Rio Quinamayó


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Este bloqueo se daría en las circunstancias del Paro Nacional Agrario

Un bloqueo para impedir el tránsito de los vehículos compactadores de basura al relleno sanitario de Quitapereza, está programado para los próximos días, en razón a los daños ambientales causados por una mina de rocamuerta y caliza en el sector de Palmichal y por la contaminación con lixiviados de varías fuentes de agua en el vertedero de Quitapereza. Según algunos líderes de la protesta, lo que se busca es que se clausure por los impactos ambientales la actividad minera en la zona y presionar el sellamiento definitivo del relleno sanitario de Santander de Quilichao.

Esta protesta sin embargo, tiene dos aristas, la primera es, que la explotación minera de rocamuerta y caliza en el sector de Palmichal está provocando el represamiento del rio Saladillo, en los límites entre Santander de Quilichao y Caloto, lo que puede desencadenar una tragedia. Este represamiento ha sido reiteradamente denunciada a los organismos ambientales de la región por parte de las comunidades sin que, hasta ahora, la CRC haya adoptado las medidas necesarias de protección y control ambiental para impedir que se continúe con las afectaciones, y la segunda es, si es conveniente o no el sellamiento del vertedero de Quitapereza.

Sobre la conveniencia o no, es importante balancear las consecuencias. Si se sellara el vertedero de Quitapeza, Emquilichao estaría obligado a transportar los residuos sólidos a un relleno sanitario licenciado, en este caso, el más cercano sería el de Yotoco en el Valle del Cauca. Los valores agregados por el transporte de estos residuos, más el valor a cancelar por su uso, la puesta a punto por tonelada en el sitio de disposición final y la compra de nuevos vehículos compactadores, obligaría a Emquilichao a trasladarlos vía tarifa a los usuarios. Hoy, en Santander los usuarios cancelan por el servicio de aseo en promedio 7.000 pesos mensuales, de llegarse a esta situación, la tarifa por solo este servicio podría alcanzar en promedio los 25.000 sino más. Esta circunstancia pondría en riesgo la estabilidad financiera de la empresa por el aumento de la cartera, llevándola, sin ninguna duda, por el camino de la privatización.

Lo otra circunstancia, es que el vertedero de Quitapereza no es un relleno licenciado y le queda solamente un año para licenciarse de acuerdo a las ultimas disposiciones ambientales del país, de lo contrario sería clausurado. El licenciamiento implica convertirse en un relleno sanitario regional. Para cumplir con esta disposición Emquilichao ha estudiado la posibilidad que solo los municipios de Suárez y Buenos Aires, que tienen una muy poca capacidad de carga, accedan a los servicios del relleno sanitario de Quitapereza lo cual parecería ser a simple vista una solución viable.

El sellamiento por el contrario, significaría estabilizar las condiciones ambientales del sector de Quitapereza y salvar para su conservación una parte importante de recursos ambientales, como nacimientos de agua, que todavía subsisten en la zona. Esta decisión sin embargo, obligaría, no solo a los organismos ambientales a adelantar acciones de recuperación, sino a la institucionalidad a desalojar un número indeterminado de familias que en los últimos años han invadido ilegalmente el predio público de Quitapereza y que en su gran mayoría fungen hoy como recicladores.

El futuro del relleno sanitario de Quitapereza; su sellamiento o no, por sus implicaciones, es una decisión en la que deben participar todos los habitantes de Santander de Quilichao.



Por: Luis Jesús Solís Gomez

Luis Jesús Solis Gomez En la historia de la humanidad siempre se ha tratado de hacer aparecer como civilizados a los ejércitos conquistadores y bárbaros y salvajes a los conquistados a quienes se les tribuyen toda clase de actos de barbarie y vandalismo.

A los bárbaros europeos se les atribuye por ejemplo, la destrucción de la civilización romana. Ellos sí destruyeron el imperio romano y su sociedad esclavista que oprimía a los pueblos del mundo conocido hasta entonces.
Pero quisiera referirme más bien a la conquista de América por los salvajes españoles que ante la historia escrita por sus cronistas y trasmitida de generación en generación a los niños de la escuela por las editoriales Norma, bedout, Voluntad, Santillana, tan apetecidas por los colegas del magisterio que encuentran tal vez más fácil trasmitirle estas enseñanzas a sus discípulos que tratar de escudriñar más documentos y versiones que contradicen lo dicho por estos textos.

Se dice por ejemplo que los indios americanos eran salvajes y antropófagos, que sacrificaban sus prisioneros a los dioses en busca de mejores condiciones climáticas, les sacaban el corazón en forma salvaje y luego entregaban su cuerpo inerme a la tribu para que fuera devorado por las muchedumbres. Estas versiones tratan de afirmarlas con la ayuda de otras clases de documentos, videos, películas como apocalipto que muestra como pueblos débiles eran sometidos por pueblos guerreros más fuertes que se divertían con los cautivos, haciendo de la matanza un gran deporte.
YO no voy a contradecir a tan beneméritos eruditos de que tal vez, si habían costumbres salvajes entre algunos pueblos, pero lo que sí quiero es contarles una historia que deja muy mal parados a los salvajes europeos, es decir a los conquistadores del continente.

Cuenta el historiador Carlos Vergara Cerón que al llegar los españoles a tierras caucanas, venidos de Quito, atraídos por la leyenda del dorado contada por el indio Julumito que les habló de unas tierras y unos caciques muy ricos que poseían inmensas riquezas, una laguna donde los nativos le arrojaban joyas al sacerdote en honor al dios desconocido y un templo construido en la populosa ciudad de Pubén en madera de canelo y con paredes enchapadas en láminas de oro puro, la fuerza inmensamente superior de los invasores arrolló a los valerosos soldados del ejército pubenés que no pudieron resistir el tronar de sus cañones, el filo de sus espadas y el temor que le tenían a los caballos que con su jinete encima les parecía ser un ser espantoso de 4 patas y 2 cabezas.

La resistencia de los indios sin embargo fue muy valerosa tanto en la batalla de Maztales como en la batalla de Guazábara. En la primera murieron los caciques Payán y Sachacoco y en la segunda los caciques Calambás y Novirao.

"Jorge Robledo y Martín de Amarote, con 14.000 soldados atacaron a 24.000 pubenenses al mando del cacique Calambás, quien los derrotó. En la batalla fue herido Calambás, quien siguió hasta Guazabarita, donde pereció a manos de los españoles. El segundo día en nuevo encuentro con las tropas españolas de Miguel López Muñoz, pereció valientemente el cacique Novirao y centenares de pubenenses. Días después los caciques Calibío y Chisquío se vieron obligados a rendirse. Después de siete días de lucha en una refriega que duró un mes, el Cacique Yazgüén ordenó la retirada, dejando herido a Belalcázar a manos del cacique Kaldera. En Guasábara combatieron los indios pubenenses, yalcones, paeces, calandaimas, jaguas, chisquíos, coconucos, jamundíes, guacacallos, guambías, andaquíes, calotos, anaconas, piaguas, y yaquilgos, que rubricaron con su sangre el heroísmo de su raza en defensa de la libertad de sus dominios". (Zúñiga Salazar, Jaime: Geografía del Cauca:1965).

"Y fue allí, en la plácida llanada que conserva el nombre de la gesta inmortal, en la nivelada extensión de Guasábara, que en idioma pubenés significa "grito de combate", donde cayeron cegados por la batalla los regimientos del imperio"(Vergara Cerón, Carlos: Los Pubenenses: 1958, P. 53.).

Dice también el historiador Vergara Cerón que en medio de tanta mortandad los soldados del ejército español tuvieron hambre, pero el ejército había agotado ya todas sus provisiones de manera que fue necesario ir por comida a algún lugar. Fueron a Carrefour y ya estaba cerrado, luego fueron al Éxito y también estaba cerrado, luego fueron a olímpica y la misma cosa, de manera que no les quedó otro remedio que encender hogueras de leña y poner a asar los cadáveres y comérselos, carne que no solamente comieron los indios prisioneros y yanaconas sino también los soldados españoles tan escrupulosos pero hambrientos no pudieron resistirse ante el olor a carne asada y también comieron carne humana los caníbales Belalcázar, Ampudia, Alvarado y Amarote y entonces quienes eran los salvajes y quienes los antropófagos?.
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Estas son algunas de las especies que están a punto de desaparecer para siempre, Lémures, Pandas, Pingüinos, León de Angola, Gallo de las Praderas, Oso Polar, Elefante Pigmeo, el Leopardo de las Nieve y la Ballena Jorobada.
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A 20 minutos de Santander de Quilichao, en dirección norte sur, con el cerro Garrapatero al poniente y por una carretera serpenteante y sin pavimentar, pero en muy buen estado, se llega a la vereda El Palmar. Habitada en su mayoría por afro descendientes; 1500 tal vez, prodigaba ser, por la fertilidad de sus suelos, hasta hace muy poco una de las últimas reservas agrícolas del norte del Cauca.

Surcada por el rio Agua Limpia y otros no menos importantes, estos ríos que en otrora con sus aguas límpidas y cristalinas hacían gala de su nombre, hoy aguas abajo abastecen a más de 20 acueductos rurales de agua barro, de mercurio y cianuro muy posiblemente, gracias a los gravísimos daños ambientales que está provocando la minería ilegal. Estas aguas también, y pese a las actuales circunstancias, son utilizadas para riego en plantaciones de arroz, piña y caña especialmente, no obstante los peligros que para la salud humana ello puede implicar.

En mi recorrido, iniciado apropósito a muy tempranas horas de la mañana, pude constatar, entre el punto de quiebre de la carretera Panamericana hasta dos Km antes del sitio de la extracción, la presencia de siete máquinas retroexcavadoras, silenciadas todas, ocultas unas entre la maleza y camufladas otras en medio de la vegetación. Este paisaje siniestro de palas mecánicas que por nada se confunden con el verdor intenso de la naturaleza, debo confesar, me trasladó 25 años atrás a los comienzos de la minería intensa en Frontino, Segovia y Marmato. Tres pueblos antioqueños que, por más de una década, han vivido esperando a que Tribunales Internacionales obliguen al Estado Colombiano a resarcir no solo los daños ambientales causados sino a las cientos de víctimas que ha provocado la contaminación por "plomo", cianuro y mercurio. También, a 15 años atrás, cuando los paramilitares con el apoyo de la institucionalidad lograron en vastas regiones del país imponer el silencio. En el Palmar ya casi nadie quiere hablar, cada cual sospecha de cada quién, máxime si es forastero.

Recorrido un buen trecho, y poco antes de llegar al centro poblado, escuché a lo lejos el rugido intenso de motores a lo cual por eso me deje guiar. Resolví entonces por seguridad desviarme camino arriba por una angosta carretera, casi intransitable, para ocultarme y buscar el sitio perfecto donde apostarme para lograr a distancia las mejores tomas (fotografías).

No obstante el esfuerzo que duró algo más de dos horas, me vi impedido por la vegetación, la irregularidad del terreno y por la presencia de un grupo de mujeres afrodescendientes que con batea en mano me alertaron sobre los peligros que mi presencia entrañaba. Descubierto y fracasado el intento de fotografiar en todo su esplendor las consecuencias ambientales de la minería, decidí entonces hacerme visible para lo cual me deslicé por un cultivo de arroz, no sin antes contar 22 máquinas retroexcadoras en una extensión, calculo, de entre 500 y 600 metros cuadrados, hasta llegar a una construcción de guadua donde compartían varios mineros, algunos, por no muy extrañas circunstancias, del Urabá antioqueño.

Como sorpresiva resultó mi presencia, cuatro salieron a mi encuentro y de entrada a indagar con hostilidad del porqué de la Cámara a lo cual respondí que tomaba fotografías de paisajes y que por desgracia había terminado en ese lugar. Satisfechas mis respuestas, muchas, o eso creo, y después de revisar detenidamente el contenido, algo que les tomó algunos minutos mientras de mano en mano se la pasaban tratando de operarla, uno de ellos le ordenó a los demás que me sacaran. Por suerte para mí, en la cámara, hasta ese momento, no había tomado todavía una sola fotografía. En dirección a la salida, a paso lento y después de haber entrado en confianza con mis acompañantes, me manifestaron que allí habían empresarios venidos desde distintos punto del país con sus máquinas; de Nariño, de Antioquia, del Putumayo y del Valle ; que tres días antes había llegado a ese sitio el ejército y que varias máquinas ya habían sido retiradas por temor a los operativos de control; que mucha gente de la región estaba ofreciendo a la venta sus tierras; que le estaban dando trabajo a cerca de 6.000 campesinos mineros; que la "Gold" quería sacarlos de la zona para manejar ellos solos el negocio, y que daños ambientales no provocaban porque a pesar de ser ilegales los huecos son nueva-mente rellenados en el mismo orden en que es removida la tierra.

Casi al final del trayecto y a pocos metros del alcanzar la salida, un estruendo provocado por el derrumbe de una mina cercana, nos alertó. Alarmados ellos, salieron despedidos a atender la emergencia mientras yo en medio de la confusión aproveché la situación para tomar unas cuantas fotografías y retirarme sin levantar la más minina sospecha. Por fortuna no hubo muertos, o mejor, eso creo.

No puedo terminar esta crónica sin antes manifestar lo siguiente: primero, la tierra que se remueve en actividades mineras jamás puede ser recuperada para la agricultura, segundo, hay unos límites imaginarios en una extensión de entre 500 y 600 metros que comparten empresarios venidos desde distintos puntos del país lo cual me hace presumir que una organización o un solo dueño está a la cabeza del negocio, tercero, según información de la gente de la zona se están abriendo nuevas fuentes de minería ilegal y cuarto, no presencié ninguna actividad de hombres armados.

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