pablo catatumbo llegando a buenos aires cauca
La carta del comandante del Bloque Alfonso Cano, quien arribó a la vereda La Elvira de Buenos Aires (norte del Cauca), para dejar las armas, pero quien regresó con su tropa al campamento de preagrupamiento por la nula infraestructura que hay en la zona.

El 31 de enero desperté en La Explanación con una sensación que hacía largo tiempo no sentía: la de tener que levantar el campamento temprano e iniciar una marcha. Con una diferencia. Esta, se supone, sería la última marcha guerrillera. A todos los que pernoctamos en el punto de recepción nos invadía una mezcla extraña de sentimientos. Cada uno preparaba su equipo de campaña y limpiaba su arma de dotación alistándose para un día que se suponía iba a ser especial. Y así resultó ser.

Los preparativos se demoraron más de lo normal. Mientras los tres puntos de pre agrupamiento del municipio de Buenos Aires iniciaban su traslado a pie hasta la Zona Veredal de la parte alta de la vereda La Elvira, las comisiones provenientes del río Naya y el sur del Chocó que estaban mucho más lejanas, veían su tránsito postergarse por razones logísticas. Junto con los comandantes de la zona nos comunicábamos con ellas, buscando soluciones a una situación inesperada.

Hacia las 10 ya teníamos la certeza de que hacer el traslado de estos camaradas sería imposible. En dos o tres días llegarían a Buenos Aires después de largas travesías que incluían navegar el océano Pacífico y atravesar la cordillera occidental. Enredos burocráticos e institucionales nos impidieron completar ese día la concentración del Bloque Comandante Alfonso Cano en La Elvira.

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Con el peso de esa particular contingencia, iniciamos nuestra marcha. Caminaban conmigo, Camila Cienfuegos, mi compañera de muchos años de luchas y avatares, y 246 combatientes, hombres y mujeres de todas las etnias y procedencias, con la mayoría de los cuales atravesé los años más difíciles de la guerra. Altivos guerreros ayer, hoy caminaban por un sueño colectivo: parar la guerra e iniciar el duro tránsito a la lucha política abierta y sin armas.

La caminata cuesta arriba hasta el descampado que debería ser la Zona Veredal pasó sin mayores novedades. Vecinos del área ondeando banderas blancas nos saludaban y se acercaban a la carretera a acompañarnos. Cuando llegamos al punto ya se encontraban en él las avanzadas que habían salido de los puntos de pre agrupamiento. Guerrilla y población de la zona miraban con asombro esa enorme área repleta de nada: ni los basamentos de las áreas comunes, ni los materiales esperados, ni un mínimo suministro de agua.

Bajo el inclemente sol del mediodía caucano, hicimos una inspección exhaustiva de la Zona. La principal impresión fue que la maquinaria que trabajaba en el lugar era muy inferior frente a los requerimientos de la obra y que la llegada de materiales no empezaba. A 31 de enero, la Zona Veredal de La Elvira no era más que tierra removida.

Después de carpar una improvisada cocina guerrillera, un almuerzo sencillo nos permitió calmar el hambre de los 246 combatientes de las Farc y de cerca de 400 líderes comunitarios de diversas veredas de Buenos Aires, Jamundí y Suárez. Fue un sancocho de compañerismo, repleto de anécdotas y esperanzas. Lástima que el gobierno nacional se lo haya perdido, pues ningún representante suyo se apareció por el lugar en aquel histórico día.

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Nuestra decisión fue entonces seleccionar 50 camaradas para que pernoctaran en el lugar y colaboraran con las obras. Asumieron la tarea con la disposición que caracteriza a los combatientes de las Farc Ep y procedieron a armar un pequeño campamento móvil.

Después de esto, y de agradecer fraternalmente a las comunidades del lugar, volvimos a los puntos de pre agrupamiento con la certeza de haber cumplido y la incertidumbre sobre la capacidad de cumplimiento del gobierno. La lentitud institucional hizo de la de Buenos Aires la penúltima marcha guerrillera. Lastimosamente, la fecha de la última depende ahora de la capacidad del Gobierno de dar cumplimiento a lo acordado.

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