Efectos ambientales adversos con fuerte incidencia sobre la flora y la fauna, y pérdidas millonarias para los pequeños y medianos agricultores han derivado por el mal uso del agua.

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La quebrada Cochinitos
nace, según campesinos de la vereda San Rafael, de un ojo de agua localizado en la vereda San Nicolás del municipio de Caloto. En su corto recorrido, no más de 8 km, hasta su desembocadura en la quebrada La Quebrada recibe afluentes de pequeños hilos de agua que de la tierra, pese a este intenso verano, no dejan de brotar.

Las aguas de la quebrada Cochinitos fue utilizada desde tiempos inmemoriales por pequeños y medianos agricultores de la zona para el riego de los cultivos de piña, caña y plantaciones de pan coger, hasta que la Familia Garcés propietaria de la hacienda La Campiña y de grandes extensiones de tierra en el norte del Cauca, se hizo, tal vez, con la anuencia de algunos funcionarios de la CRC en propietaria de ellas. Esta propiedad sobre las aguas se resume en que solo ellos tienen “derecho” a utilizar este bien público –el agua- de manera exclusiva para el riego de sus cultivos de caña y los pastos para la ganadería. Así lo pudo constatar este periodista cuando invitado por pobladores de la vereda San Rafael hizo un recorrido por la zona.

En su paso por la hacienda La Campiña el cauce de la quebrada Cochinitos tiene que pasar en una franja de 800 metros por varias barreras infranqueables, entre estas, por un reservorio que fue construido por sus propietarios para captar irregularmente sus aguas. En este reservorio cuyo tamaño resulta difícil de calcular por su extensión pero que, podría ser un poco más extensa que la mitad de una manzana y de gran profundidad, hay ubicados en diferentes puntos cuatro motobombas de gran capacidad que reparten el agua captada a diferentes sitios de la hacienda. Al final de este reservorio hay una construcción en concreto y una compuerta que represan el agua y que controla además sus niveles. Cuando este reservorio está lo suficientemente lleno y para evitar su rebosamiento estos permiten el filtrado y fluido del agua. “La agüita que usted ve que baja, cuando va a llenar esto, y cuándo entonces nos va a llegar agua a nosotros? Con este verano es imposible que esto se llene” dice un pequeño agricultor de la zona.

Para desviar el agua hacia el reservorio el cauce de la quebrada fue modificado; una parte de esta va hacia el reservorio y otra continua lánguidamente por su cauce natural. La poca agua que logra traspasar la primera barrera y que continúa por su cauce natural se encuentra al final del reservorio y a una distancia de 500 metros un trincho con una motobomba que la succiona y la barre con una tubería de 8 pulgadas. Este trincho y esta motobomba la cual tiene como oficio impulsar el agua hacia otros lugares de la hacienda son la segunda barrera. De aquí hacia adelante la quebrada se observa prácticamente seca.


Como si lo anterior no fuera suficiente, cauce abajo -no aguas abajo- se encuentran dos barreras más, son estas unas tuberías de gran calado que se han empotrado en distintos sitios sobre el lecho de la quebrada las cuales le permiten a los propietarios de la hacienda la Campiña hacer uso de hasta la última gota de agua sin importar las consecuencias que, quebrada abajo en esto deriva; en efectos ambientales adversos con fuerte incidencia sobre la flora y la fauna, y perdidas millonarias para los pequeños y medianos agricultores.

Sobre la participación de las autoridades ambientales para contrarrestar este abuso quedó claro que la alcaldía pese a tener conocimiento no ha hecho nada por evitarlo y que la Corporación Autónoma Regional del Cauca CRC no obstante el interés y el empeño demostrado por la directora territorial de esta institución María Luisa Holguín Tamayo, según los pequeños y medianos agricultores de la zona, hasta ahora, no ha logrado controlarlo.



pORTADA OCTUBRE 2017
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