Por Jaime Soto Palma

La implementación de cúbicos y centros de acopio es la nueva estrategia de extracción con la que se pretende evadir el accionar de las autoridades.

centro de acopio2
02-03-2016. Casi dos años después de la tragedia en la vereda San Antonio en la que un alud de tierra acabó con la vida de 17 mineros, nuevamente el tema de la minería ilegal vuelve a ser de actualidad en algunos sectores urbanos y rurales de Santander de Quilichao. Urbanos por la presencia de hombres armados en vehículos de alta gama en algunos barrios residenciales de Santander los cuales sus residentes asocian con Bandas Criminales ligados a la minería ilegal y rurales por el aumento de la actividad minera ilegal la cual ahora a gran escala se está adelantando por cúbicos entre El Palmar y San Antonio, más de 200 según los residentes, y los llamados Centros de Acopio los cuales se encuentran operando en las veredas Mandivá, Llano de Alegrías y La Toma.

MineriaxcubicoSegún lo pudo constatar este medio informativo hay ciertamente entre la zona de El Palmar y San Antonio un número importante de cúbicos de aproximadamente un metro por un metro de diámetro los cuales, algunos, pueden alcanzar entre los 10, 15 y hasta 30 metros de profundidad. Estos huecos se hacen con taladros de forma vertical hasta alcanzar la rocamuerta o la peña. Cuando esta se alcanza se continua avanzando de forma horizontal para extraer la tierra que es subida a la superficie con poleas para luego lavarla. “En cada hueco trabajan entre cinco y veinte personas, y hay 200 cúbicos, entonces, imagínese cuantas personas estamos trabajando en esto, más de 1000, y sin contar las que lavan” señaló un minero que, por lo demás, reseñó claramente los riesgos.

Y es que para tener una idea de este negocio, por cada cúbico en funcionamiento los mineros cancelan al dueño del predio donde se encuentra ubicado un gramo de oro diariamente, es decir, 130.000 pesos, y hay predios donde funcionan entre cinco como es el caso de Los Búfalos, y diez cúbicos. Así las cosas se desprende entonces que la minería ilegal en Santander de Quilichao y, solo en la zona que va desde El Palmar hasta la vereda San Antonio y en tan solo una franja de apenas 2 km si a mucho, le está dejando a los dueños del negocio recursos que van desde los 42 millones hasta los 4.000 mil millones de pesos mensuales los cuales en su mayoría terminan engrosando las arcas de las bandas criminales.

Huelga decir que, sobre estos predios y como consecuencia de la tragedia del 2014 el Gobierno Nacional se comprometió a adelantar procesos de extinción de dominio a raíz de que se llegó a demostrar que algunos se encontraban en situación de testaferrato; pero no pasó nada.

Lo paradójico es, que mientras la alcaldía debe responder por las demandas; catorce en total que se avecinan y de las que ya hay notificadas dos por una presunta responsabilidad en la tragedia que se saldó con 17 víctimas fatales en el 2014, quienes la provocaron aún continúan en la zona, imponiendo su ley por el pago diario de un gramo de oro por cada cúbico. “Estos señores cambiaron las retroexcavadoras por cúbicos y electrobombas, así de sencillo y aquí están, dejándonos trabajar que es lo que necesitamos” acotó un habitante de la zona.

No lejos de aquí y a unos pocos kilómetros aguas arriba del rio Quinamayó, una nueva forma de explotación de minería ilegal está tomando forma y fuerza; son los centros de acopio o de almacenamiento, algunos jocosamente le llaman Casas de Pique. Al respecto un habitante de la vereda La Toma señaló “Este negocio es exclusivo de indígenas del resguardo de Munchique los Tigres, los cuales transportan en volquetas toda la tierra que arrancan de la montaña y la apilan aquí para procesarla con cianuro y mercurio. Luego, estas aguas contaminadas y, muy a pesar de que han improvisado un reservorio para echarlas, terminan en el rio Quinamayó. Cerca de donde funciona un trapiche panelero que capta el agua del rio ¿Se imagina?”. Y además, “la vía que utilizan para transportar la tierra es la de El Toro, La Capilla y Quinamayó. Y nunca paran. Yo he visto entre ocho y diez volquetas unas tras otras, y las siento también toda la noche cuando pasan cargadas y se regresan vacías”

Este periodista, corroboró las versiones dadas por los lugareños y encontró en Mandivá, Llano de Alegrías y en la vereda La Toma, tres centros de acopio de los seis que dicen que existen.

En detalle y por lo observado, cada uno de estos cuenta con una muy buena infraestructura; iluminación, motobombas, electrobombas y con cinco o seis trabajadores la mayoría indígenas que se dividen por turnos durante las 24 horas del día. Los predios utilizados son alquilados en su mayoría a propietarios de la zona.

“A los indígenas debería de darles pena y, más pena porque se la pasan hablando todo el día de la madre tierra, de la naturaleza, de lo bien que cuidan los recursos naturales y el agua, pero uno se da cuenta que lo que dicen es pura paja. Acá abajo hacen lo que no hacen arriba” señaló un miembro del consejo comunitario.

Este periodista dialogó con algunos miembros de las comunidades indígenas pero no obtuvo respuestas sobre el particular, ni un sí, ni un no.



pORTADA OCTUBRE 2017
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