Por Jaime Soto Palma

Barbarie 3

Dicen, que este fue su castigo por robar y que “a los demás” les servirá de escarmiento. El mensaje es claro...


En la vereda el Palmar de Santander de Quilichao una turba de entre 15 y 20 persona asesinaron a una persona, le cortaron el cuello y, al mejor estilo de las organizaciones terroristas del Oriente Medio (del Estado Islámico), le arrancaron la cabeza del tronco y como trofeo se la colocaron encima del pecho. Luego abrieron su abdomen y cortaron sus piernas. Que sevicia ¡¡¡
Esto ocurrió el 13 de marzo.

Dicen que este era un delincuente que había venido del interior del país huyendo de la justicia y que buscó refugio en la zona, con su familia, y que continuó delinquiendo. Que este fue su castigo por robar y que “a los demás” les servirá de escarmiento. El mensaje es claro...

Sobre los responsables de este abominable crimen hay muchas versiones, que habían sido una turba de indígenas llagados de la montaña, decían. Luego, que fueron las FARC, que milicianos del ELN, que una parte de la comunidad enardecida, entre muchas otras cosas, sin embargo, ninguna resultó cierta. Por temor, o por indiferencia, la comunidad de la zona evita hablar del tema.

Este episodio me acuerda el año 1997 cuando llegaron los paramilitares a Santander de Quilichao. Justificando su accionar criminal llegaron asesinando maleantes, indigentes, a personas en estado de drogadicción, a supuestos auxiliadores de la guerrilla, a ciudadanos y ciudadanas indefensas, y a campesinos e indígenas. Y como estaban brindando seguridad a todos y a todas, el 60% del comercio fue obligado a pagar una especie de impuesto, de “reciprocidad”, le llamaban, para salvaguardar y garantizar, dizque, su patrimonio. Claro que el que no pagaba estaba sujeto a las consecuencias; al destierro, al asesinato, la desaparición y el secuestro. En la vereda Lomitas tuvieron su centro de mando y en el cuartel de la policía de aquella época - la que está detrás de la alcaldía- su centro de operaciones. De allí salían las “vueltas”.

En aquella época la institucionalidad calló, y me refiero a todas las instituciones, la alcaldía, la personería, la defensoría y ni qué decir del alto gobierno etc., tal como ocurre hoy en día. Y hasta los familiares de los muertos olían a feo.

También, se hacían Consejos de Seguridad en la alcaldía y otras veces en la gobernación, hasta dos por semana, y en todos o en su mayoría participaban algunos de los asesinos; civiles y mandos del ejército y la policía. Son hechos aislados, vendettas entre narcotraficantes, o no hay ninguna información de inteligencia, comentaban.

A punta de terror la gente aprendió a obedecerles, si decían, a las 8 de la noche todo el mundo tiene que estar en sus casas, Santander de Quilichao se convertía a partir de esa hora en una ciudad fantasma. Esto ocurrió varias veces en el transcurso del 2002 y el 2003.

Entre 1997 y 2004 la violencia paramilitar en Santander de Quilichao dejó según datos de la defensoría 886 muertos entre asesinatos, masacres y desaparecidos.

Hoy pareciera ser que la historia se vuelve a repetir. Atraídos por el oro y la minería ilegal, la corrupción y el débil funcionamiento del Estado, los paramilitares de antaño, hoy BACRIM, regresaron a imponer su ley y el terror.

El sector de San Antonio, Ardóbelas y El Palmar, pese a la presencia de las FARC, fue siempre un territorio de paz; la gente sabía resolver sus conflictos. Hoy la situación es distinta. Desde el 2008 hasta ahora cerca de 100 personas han sido asesinadas. La mayoría relacionadas con la minería ilegal y actores armados. Esta es una realidad que no necesita reparos.

Hoy la institucionalidad al igual que 1997 calla. El alcalde no dice nada, la personería no aparece, la defensoría perdida y, mientras tanto qué?

Ojala que no sea este descuartizado el preámbulo de otras cosas...

Sangrientas, dolorosas y lamentables.





pORTADA OCTUBRE 2017
© 2014 Enlace Regional. Todos los Derechos Reservados.
Powered by: