Por EDGAR PAPAMIJA - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

papamijaUn patojo malpensado, que los hay muchos, podría pensar que el gatopardismo es el nuevo movimiento político que mi amigo Jaime Soto, dueño, gerente, editor, distribuidor y escritor del periódico Enlace Regional, ha descubierto, haciendo un serio trabajo de investigación, levantando la maloliente cobija de la política para mostrarle a los caucanos que, tras la apariencia tranquila de esta sociedad versallesca se esconden abusos de poder, tráfico de influencias, compra de conciencias, jueces venales, gobernantes complacientes y parlamentarios cómplices.

Podría pensarse también, que es malévola analogía política usando felinos caseros amables y cariñosos para mostrarlos perversos y dañinos cuando de usar las uñas se trata; o que estoy señalando a cierto jefe liberal, de cuyo apellido no quiero acordarme, que aspira a la Presidencia y termina aceptando cualquier puesto.

Ninguna de las anteriores, amables lectores. El gatopardismo, también conocido como lampedusismo, nace a mediados del siglo pasado cuando se publicó una novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, titulada Gatopardo, que narra las argucias de los nobles italianos que, en el siglo XVlll, frente a la reunificación de la Península, que amenazaba sus privilegios, realizaron toda clase de acciones ardillescas para evitar la pérdida del poder que durante años habían detentado a nombre del absolutismo borbónico, que estaba a punto de desaparecer por el avance de la burguesía revolucionaria y arribista de la época. Los de arriba se disfrazaron de liberales, los de abajo se casaron con los de arriba y los conservadores fungieron de reformistas para lograr lo que el autor resume en una terrible frase: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Ese es el origen de este movimiento literario, más que político, que retrata lo que está sucediendo en el Cauca.

Los escándalos que cobran vida en nuestro departamento, no son nada nuevo. Simplemente pareciera que nuestra sociedad, por fin, ha tomado la determinación de coger el toro por los cuerno. Es claro que la presencia de grandes cantidades de dinero en las campañas políticas no empieza con Temis de Mercaderes, ni con los actuales ungidos, ni con los que ellos derrotaron; ni más faltaba. Ese método se patentó hace mas de treinta años en otras latitudes, particularmente en la costa Atlántica, donde los costos de las campañas eran aterradores. En el Cauca apareció cuando el partido liberal se dividió entre Iragorri y Víctor Mosquera que denunció la llegada de nuevos métodos de financiación de la política. De allí en adelante, se patentó el método de los “señores del maletín”: ingenieros, médicos, contratistas de la salud, empresarios, verdaderos o farsantes, que acompañaban a los candidatos día y noche. Lo sospechoso es que esos acompañantes, se enriquecieron y pasaron a ser los dueños de la política caucana. Dudo mucho que alguno de los elegidos actualmente pueda tirar la primera piedra. Si alguien se atreve, bienvenido el debate; con cifras, con declaraciones de renta, con los beneficiarios de la ley Paéz, con los informes ante el Consejo Nacional electoral y con los contratos recibidos y entregados mediante nepotismo, amiguismo y fundaciones fantasmas. Hoy las apuestas en cafés y ventorrillos giran alrededor de adivinar cuánto costaron las campañas y quién puso el billete. La primera parte es relativamente fácil de resolver; la incógnita sigue siendo, de dónde salen los millonarios recursos y cómo los recuperan los “señores del maletín”. La malicia patoja tiene su particular interpretación de estos hechos macondianos y sabe que primero cae el mentiroso que el cojo; y aquí conocen los patrimonios de unos y otros. Ahora comienza a descorrerse el velo y hay que saludar la tormenta que se ha armado, como un augurio de que los mejores días están por venir, una vez entienda, la sociedad, que el correctivo está en sus manos.

Lo que me preocupa son las afirmaciones de los actuales dirigentes que son lampedusismo puro: Iragorri, que sabe demasiado, hace votos para que Temis haya aprovechado las clases de derecho penal, que ahora tanto necesita, según lo afirma el senador 103; García anuncia estupefacto, que frente a tanta corrupción, especialmente en salud, piensa regresar para aspirar nuevamente al Senado; Velasco no se compromete cuando de sancionar responsables se trata; solo falta que Cháux y González se declaren aterrados con lo que ocurre; y lo demás, pues lógicamente callan, porque en boca cerrada no entran moscas, y todos tan campantes.

Si los actuales protagonistas se unen, cínicamente, al clamor de la moralización y el cambio, el gatopardismo de apoderó del Cauca y el tarjetón será el mismo.




pORTADA OCTUBRE 2017
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