Por Jaime Soto Palma

veeduria ciudadana
Por razones que no vale la pena precisar poco acostumbro a leer comentarios en redes sociales cuyos autores no aparecen identificados plenamente, sin embargo, hay ocasiones en las que por curiosidad examino lo que estos a través de medios como Facebook buscan expresar.

El día de ayer, por desgracia, un muy buen amigo me compartió un comentario realizado a través de Facebook por una veeduría; “Veeduría Santander Cauca” en el cual se despachaba contra la inseguridad en Santander a raíz del asesinato de una mujer que fue hallada decapitada cerca a la Casa de Justicia. Sin más y, sin el más mínimo respeto por el dolor de la familia, de los amigos, y por el derecho que le asistía a esa joven de vivir, esta veeduría inicia su crítica a las autoridades locales comparando este feminicidio con el sacrificio de una gallina. “Anoche descuellaron como una gallina a una señora al lado de la casa de justicia y nadie se dio cuenta” anotaron.

También, en su nota esta veeduría insta al alcalde a no permitir estos hechos y a pronunciarse, y piden, además, la renuncia del secretario de gobierno y el cambio de todos los miembros de la policía.

Desconozco quienes conforman esta veeduría y si está registrada, no obstante, resulta importante precisar que los feminicidios no están al alcance de prevenirse por parte de ninguna autoridad si la víctima con antelación no ha denunciado a su victimario (parejas o exparejas, etc.) por algún tipo de abuso; maltrato físico, verbal, patrimonial y psicológico, entre otros. De allí la importancia de que las mujeres denuncien. Lo segundo es que la violencia contra la mujer no se previene en “Consejos de Seguridad” ni colocando policías en las esquinas puesto que este tipo de conductas son propias de un sistema patriarcal y machista el cual considera a la mujer como de exclusiva propiedad de los hombres, por ello, un feminicida parte en la mayoría de los casos del supuesto de que “Si ella no es para mi, no será de nadie”, y finalmente, -y esto si es un llamado a las autoridades-, ningún feminicidio está ligado a la pasión; nadie mata por pasión, eso es falso, por lo que el lenguaje mal utilizado termina por victimizar al feminicida y no a la víctima.

Igualmente no está por demás recodarle a la Veeduría Santander Cauca, si es que existe en realidad, que detrás de cada tragedia hay un drama y también una historia. Diana Milena Álvarez, la mujer asesinada era madre soltera, tenía 28 años y era al igual que su familia oriunda de Puerto Asís, Putumayo. Cuenta su familia que, siendo muy joven quiso probar suerte en Cali y que trabajó en casas de familia como empleada doméstica hasta cuando quedó en embarazo de su único hijo el cual cuenta hoy con 9 años. En la actualidad residía en Palmira y era trabajadora sexual. De su trabajo dependía no solo su hijo sino gran parte de su familia; sus padres y dos hermanas menores de edad.

Finalmente, el llamado es a que las mujeres denuncien cualquier tipo de abuso ante las autoridades y que estas, a su vez, asuman lo que le corresponde de acuerdo a la ley que no es otra cosa que la de salvaguardar su integridad física, psicologica y moral, y también reconocer públicamente la buena labor de las autoridades de policía por capturar a los dos feminicidas poco tiempo después de haber cometido este crimen.




pORTADA OCTUBRE 2017
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