Por: Ferney Silva Idrobo.
Foto Ferney Silva Idrobo onternasJaime Garzón decía en muchas de sus intervenciones que Colombia es un país sin identidad, “los ricos se creen ingleses, la clase media gringa, los intelectuales franceses y los pobres mexicanos”, la verdad estamos llenos de matices.

Mientras el pibe Valderrama lanza madrazos al gobierno nacional por recortes al presupuesto de nuestros deportistas, los expertos financieros reconocen que la economía crecerá por debajo de lo planeado. Algunos empresarios explican que obedece a la reforma tributaria, en especial por el aumento del IVA al 19%; en palacio mencionan que es por los bajos precios internacionales del petróleo y la disminución de la explotación minera, además de los atentados a oleoductos.

Nuestro marchista Eider Arévalo gana oro en los campeonatos mundiales, toda una hazaña, como lo es también que la deuda externa crezca cada vez más, cerca de 1000 millones de dólares por mes. Al finalizar el 2017, a este ritmo, va estar por encima del 41% del PIB.

El interés que renta su dinero que guarda en el banco, en el mejor de los casos es del 5,5% anual, pero, si los va a pedir prestados a la misma entidad se los entregan al 32%; Colombia sigue teniendo las tasas de intermediación financieras más altas del mundo, escollo para la productividad del país.

La bonanza de los precios del petróleo, ya no está, los expertos predicen que no volverán a subir en los próximos 15 años, es decir, se terminó el boom de los recursos de las regalías para las regiones que en algunos casos se perdieron ó no generaron la dinámica que nuestra economía necesitaba a mediano y largo plazo; esto nos va costar lágrimas de sangre, como dijo algún ministro de hacienda.

En épocas de crisis los recursos ilícitos, en especial los del narcotráfico, estabilizaron la relación económica de la oferta y demanda; es un hecho difícil de medir pero como el humo se respiró, olió y sintió.

Hoy no tenemos el mismo colchón criminal de los recursos del narcotráfico, tampoco los precios altos de la minería y los hidrocarburos, pero sigue creciendo la corrupción en todos los niveles del Estado, desde la Justicia, el Congreso y el Gobierno nacional y territorial.

En el congreso, Cambio Radical inicialmente creía que debía archivar la reforma política acordada en el acuerdo de paz con las Farc, el Centro Democrático señala que modificará sustancialmente los acuerdos si llega al poder; el candidato presidencial Vargas Lleras expone que se debe detener a la centro izquierda, pero no dice nada de la corrupción y la cantidad vergonzosa de detenidos e investigados de su partido.

La drogadicción y los hurtos aumentan en todas las regiones del país, Trump nos mantiene amenazando con disminuir los recursos del Plan Paz Colombia.

Aun así, aunque algunos “líderes” cambien de ideología en espera de una “palomita” presidencial o legislativa, aparezcan tempestades, huracanes y se persiga a la pobre ave para sacarle los ojos sin advertir la paja en el propio, y el pichón de Paz tenga un camino espinoso y doloroso, la sociedad se debe esa oportunidad.

Colombia, necesita que nos coloquemos de acuerdo en lo sustancial, lo elemental, en lo bueno y lo malo, no desde lo místico, sino a partir de lo ético. Nuestros jóvenes entre celulares y redes sociales escuchan el barullo de una sociedad que se desgarra por dentro y como el enfermo terminal, está en proceso de resignación o de locura por luchar su suerte.

La Paz debe ser vista desde otra paloma.



pORTADA OCTUBRE 2017
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