chucho y los ñeros
Por Ferney Silva Idrobo

Al terminar el café a las 4 pm en el Starbucks del Centro Internacional de Bogotá, me encontré con las vías cerradas para los vehículos; un río de personas caminaba hacia la avenida Caracas. La siguiente cita fue aplazada debido a que el sector estaba totalmente peatonalizado y hacia muy difícil desplazarse.

Con tiempo suficiente, decidí introducirme al cauce de la avenida 26, luego de 10 minutos me encontré con una multitud de personas instaladas en la curva que llevaba al edificio de la Nunciatura. Me pareció un buen sitio para apreciar el paso de su Santidad como le dice mi madre al Papa Francisco.

Allí está ubicado el viejo cementerio central de Bogotá, este se encuentra rodeado de muros de 3 metros de altura. Un poco por desconocimiento y sin darme cuenta, estaba en el mismo lugar con un grupo de jóvenes desgarbados, de ojos hundidos, ropas sucias y pegante que colocaban regularmente en su nariz; eran cerca de 15 de ellos, no superaban los 20 años de edad y algunos eran niñas que sostenían a sus bebes en brazos.

Uno se acerca y me dice – patroncito denos permisos para trepar – me sorprendió su llegada, pero entendí claramente, que deseaban subir al muro del cementerio y observar de mejor manera al Papa, accedí de inmediato y ayude a algunos a impulsarse y dar el salto a lo alto de la pared. Debo reconocer que tampoco era que tuviera muchas opciones, ya con las manos sucias, lo digo por las pisadas de los zapatos de quienes auxilie, decidí quitarme la corbata para que mis amigos ñeros no creyeran que era de la extrema derecha de este país, donde ellos no tienen espacio.

Por solidaridad y tal vez por pena para con este provinciano, dijeron – doctorcito mande la mano y súbase, aquí se ve mejor- ya entrado en gastos y pensando que un rechazo podría acarrear más problemas que beneficios, termine sobre los muros del cementerio central, donde en su interior viven los que tienen verdadera paz.

Con una ubicación privilegiada para observar el paso de su Santidad, pero temeroso, me sentía como el pueblo colombiano con el Congreso y los políticos; rodeado y con miedo de que me fueran a dejar en pelotas, sin ningún peso y luego me dijeran que votara por ellos.

Pasaron solo unos minutos y uno empezó a gritar – ahí viene el cucho, ahí viene el cucho!- inmediatamente pensé que era el padre de uno de ellos que había que ayudar a subir al muro, pero él se refería al Papa, todos empezaron a vociferar – cucho la bendición, la bendición cucho- algunos derramaban lágrimas, sus rostros expresaba admiración, respeto y esperanza. Al pasar su Santidad, preferí guardar su paso en mi memoria y no en mi celular, no fuera ser que terminara sin el móvil.

En un momento pase del Starbucks de capital americano a los muros del cementerio central con mis amigos ñeros que pareciesen comunistas. Porque uno es comunista cuando se es muy joven o muy viejo.

En Colombia hay tres países; el que nos venden, el que existe y el que no queremos ver; mis amigos ñeros hacen parte de este último. Por esta experiencia debo decir, que resultaron más honestos que muchos congresistas, jueces y magistrados.

Nuestros jóvenes caen por los peñascos de la drogadicción en un país que se mueve entre la indiferencia y la complicidad, eso debe parar.

Como dijo el Papa al pueblo colombiano “No se dejen robar la alegría, no se dejen robar la esperanza, que nadie los engañe”, seguro era para alertarnos de algunos candidatos en la próximas elecciones.




portada julio2017
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