Y sucedió en Mocoa y en Corinto y Podría suceder en Santander
Por Jaime Soto Palma


El 1 de abril de 2017 una avalancha producida por los desbordamientos de los ríos Taruca, Sangoyaco, Mulato y Mocoa enlutó al país, más de 300 personas fallecidas, 400 heridas, 70 desaparecidas y más de 1000 damnificados y, siete meses después Corinto, con un saldo, hasta ahora, de 4 muertos, 18 desaparecidos y 22 casas colapsadas. Si no hubiera sido porque la gente alcanzó a resguardarse en zonas seguras el resultado habría sido mucho más trágico.

En los últimos 20 años, en este sector, el rio La Paila ha venido provocando estragos, en el 2003, por ejemplo y si mal no estoy, arrasó el hospital el cual tuvo que ser reubicado y en promedio cada cinco años se viene presentando un evento de desbordamiento que por fortuna no ha alcanzado otras dimensiones, pero qué, tarde o temprano, no me cabe la menor duda las alcanzará.

Las razones tienen que ver con el cambio climático y la deforestación de los bosques primarios en la parte media y alta de esta cuenca. Y lo que ocurre es que cuando hay lluvias torrenciales intensas, persistentes y de alta duración la cuenca se satura, y como no hay zonas de amortiguación ni de retención las rocas del fondo empiezan a empujarse unas con otras con muchísima fuerza y gran energía semejando un efecto dominó, y cuando el río entonces llega donde está el cambio de pendiente el material acumulado de lodo, arena, piedras y árboles se rebosa y se sale de su cauce destruyendo todo lo que encuentra a su paso. Por ello, el Gobierno Nacional y las autoridades locales de Corinto deben plantearse la necesidad urgente de reubicar una parte importante de esta población.

Y como cuando ocurren este tipo de eventos las redes sociales de Santander de Quilichao se saturan con predicciones apocalípticas, hay que decir que en este municipio, pese a que existen algunas similitudes entre las dos microcuencas, la de La Paila y el rio Quilichao respecto a la deforestación y a la degradación de sus suelos, es muy difícil que ocurra algo semejante por el nivel de pendiente del rio Quilichao que en promedio y en relación a su cauce es de apenas del 8.4% por lo que su cota de arrastre no alcanzaría la suficiente energía. Claro, que esto no es óbice para que la gente no esté alerta.

El peligro en todo caso para Santander serían las inundaciones severas; sin bosques, sin zonas de protección y amortiguación en la parte alta y media de la microcuenca y con un cambio climático que cada vez más se acentúa, el casco urbano está expuesto a este tipo de eventos los cuales podrían llegar a causar algunas tragedias.

Por ello es recomendable no construir viviendas en una franja de no menos de 30 metros del cauce de los ríos, avanzar en campañas intensas de reforestación, exigirle a la CRC como máxima autoridad Ambiental de la Región que cumpla con su función de ejercer estrictos controles sobre el transporte de madera ilegal y que sancione a quienes vienen deforestando la microcuenca del rio Quilichao. Igualmente, avanzar en una política de guardabosques, de educación ambiental y de apoyo a la Junta de Acción Comunal de la vereda Guayabal, parte alta de la microcuenca del rio Quilichao, que viene adelantando un muy buen trabajo de protección el cual vale la pena destacarse, como destacar también el gran trabajo de reforestación que adelanta EMQULICHAO E.S.P.



pORTADA OCTUBRE 2017
© 2014 Enlace Regional. Todos los Derechos Reservados.
Powered by: