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Por Jaime Soto Palma
Hoy fue un día inusual para los funcionarios y funcionarias de la alcaldía de Santander; escoba en mano, pintura y rodillos, desde tempranas horas de la mañana ultiman detalles para entregar el próximo jueves a los ciudadanos y ciudadanas de este municipio el parque General Santander. Una obra que fue polémica en sus inicios y que se reorientó luego en aras de conservar la estructura y los estándares mínimos de intervención para un bien considerado de Interés Cultural.

Pese a las críticas que aún persisten; todas sin fundamento y en algunos casos malintencionadas, hay que decir con franqueza que esta fue una gran obra en la que tuvimos la oportunidad de palpar y medir los ciudadanos y ciudadanas el compromiso con esta ciudad de la Policía Nacional en cabeza del Mayor Jesús Ruiz y de los bachilleres de la policía, del Señor Hernando Betancourt, y de los comerciantes Hernando Orozco, Carlos Eder Trujillo, Cielo Pabón, Hernán Crespo, del Arq. Ronny Erazo entre otros, y del alcalde Álvaro Mendoza quien no se vino a menos pese a las presiones.

Si todos los ciudadanos y ciudadanas de Santander aprendiéramos que no todo debemos esperarlo del Estado y que hay acciones integradoras que podemos emprender como comunidad o por nuestra propia cuenta, esta fuera una ciudad modelo en muchas cosas; en seguridad, en cultura ciudadana, en obras de bienestar, en desarrollo sostenible y en la protección de nuestro recursos ambientales, por ello, el ejemplo y de que, unidos se puede, es lo más importante que nos lega esta obra.

Es importante señalar que en la remodelación del parque Santander no hubo recursos públicos; la mano de obra la colocó la policía, los materiales fueron donados por los comerciantes, algunos particulares contribuyeron con sus conocimientos y la alcaldía brindó la asesoría.

Tal vez, hoy ya no hay quien recuerde que hace más de 100 años así se comenzó a construir el parque Santander, qué para esa época oficiaba como plaza de armas y de mercado, y que cada vez que se anunciaba la visita de un hombre ilustre o la llegada de una efemérides el cura y el alcalde convocaban a la ciudadanía para asearlo, para lavar la pila de agua, sembrarle árboles o recoger fondos para iniciar su construcción o empedrar alguna de sus partes. Es que hasta comienzos de la década de los 70 Santander fue una ciudad cívica.

Y gracias a ese civismo tuvo Santander una galería y, anterior a la galería las lámparas de querosene que hacían las veces de alumbrado público y que por lo demás fueron una novedad tecnológica en aquella época. Santander fue en muchas cosas la primera.

Y sin duda ese civismo debemos recuperarlo y retomar el ejemplo de quienes asumieron el desafío de recuperar después de 20 años de abandono nuestro parque General Santander.



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pORTADA OCTUBRE 2017
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