Por: Ferney Silva Idrobo
Ferney Silva copiaSeucy habían nacido producto de la decisión de las estrellas y de un viejo brujo –payé-, que no era tan viejo como parecía ser.

Seucy era hermosa, tanto como las estrellas, pero ella al igual que otras jóvenes vírgenes tenían prohibido comer Pihycan-fruta prohibida– Seucy salió de la aldea y la encontró en el suelo y viéndola tan provocativa, no resistió y empezó a consumirla de manera desesperada.

La fruta era tan jugosa, que se le escurrió entre sus pechos hasta llegar a sus partes ocultas, se empezó a sentir extraña y entendió que su virginidad ya no existía, nueve meses después nación Yurupari.

Las mujeres se esconden, mientras los hombres y niños no iniciados, danzan por tres días. Sus instrumentos musicales suenan con el viento que resopla las palabras de su historia y ancestros, además, no olvidan como se pobló la tierra y de paso explican el origen del patriarcado en la sociedad de la selva, así es el rito Yurupari.

Ermanno Stradelli, conde que junto con el indio amazónico Maximiano rescatarón este Mito de las selvas colombianas y brasileñas. Primero traducida al italiano y luego al español.

Como el Mito y la Leyenda, alguna parte de nuestra sociedad crea supersticiones políticas tratando de explicar tesis que no pueden sostener, les queda más fácil implantar miedos y buscar duendes, con el único fin de ocultar y lograr que la frágil masa de la población colombiana mire hacia otro lado; vulnerable por sus necesidades, miserias creadas por sus dirigentes para hacerla endeble.

El país requiere romper con el modelo de Justicia estratificada, corrupta y amañada; demanda cortar con la idea que hay gente intocable, que terminan siendo los superhéroes de un sector oscuro del poder; exhortar a desmoronar los liderazgos tóxicos producto del egoísmo y la vanidad; entender que la única manera de repensar a Colombia es a través de una Asamblea Constituyente, que corrija los vicios que dejan huella en una educación selectiva y sin valores, en la salud que enriquece a unos y mata a muchos; donde la riqueza y el progreso se convierte en un privilegio monopólico que no está al alcance de nuestros jóvenes.

El país y el Cauca requieren liderazgos visionarios, claros en su pensamiento y leales a los principios que la sociedad pretende. La población tiene en marzo una nueva oportunidad de ser libre y digna, cambiar veinte mil pesos y una mentira por educación y empleo permanente para sus hijos. Debemos recordar que los dineros del estado, son producto del aporte de cada ciudadano, a través del impuesto nos hacemos dueños, accionistas y coparticipes del futuro, nuestra acción u omisión nos convierte en cómplices del buen y mal uso que se haga de ellos.

Un nuevo Mito debe nacer en el Cauca, que hombres y mujeres paridos entre cordilleras y ríos, hijos de la selva y la arena, nacierón con la cara pintada cada uno de diferente color y poder: unos con la fuerza, otros con la sabiduría, algunos con la perseverancia, distintos con la armonía y la paz. Todos a pesar de tener disímil instrumento musical, son capaces de tocar al mismo compás, la misma sinfonía, de cuyas notas salen osos, pájaros, montañas, palmas, samanes, que poblaron la región y se resbala el jugo de la Paz y la Dignidad humana, que se escurre por los valles y serranías del mundo.

¿Si no tuvieras miedo qué harías? Ser libre le contestó el conejo al lobo.

Nota: Artículo inspirado en el libro de Hector Orjuela, “Yurupari, Mito, Leyenda y Epopeya del Vaupés”.






Impero julio 2018
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