Por: Ferney Silva Idrobo.
Ferney Silva copiaAl encontrarlo sobre su cama, distinguí su rostro, reflejaba no solo su enfermedad sino la impotencia de contemplar deteriorada su salud, la lucha por esta, lo había llevado a visitar más veces al abogado que al médico.

La enfermedad producto de una alergia había afectado no solo su capacidad de laborar, también el ambiente familiar, las actividades de sus hijos y esposa habían sufrido variaciones que los afectaba física y mentalmente. Pasaron de hablar de medicamentos y tratamientos a conversar de tutelas, abogados y leyes.

Sus hijos en edad escolar, entretanto corrían por los pasillos de su casa sin advertir el riesgo, su padre puede fallecer a los 45 años; así, convertirse en víctimas de las mafias de blanco, que juegan golf mientras su patrimonio se incrementa de manera ilegal con la complacencia de quienes observan como los recursos del sistema de salud terminan en paraísos fiscales.

En la recepciones de las clínicas, como consuelo a los acompañantes que llevan a sus enfermos, hay objetos para leer. Encima de una mesa desteñida comida por los gorgojos, una revista asoma en su portaba a un hombre gerente de la EPS levantando un trofeo, atrás una cancha preciosa al aire libre, el último Green y los palos utilizados en el birdie, el torneo de golf había finalizado y entregado un premio millonario, es la foto más cercana si quieres conocer el paraíso.

Mientras algunos tratan de distraernos con el tema venezolano, los usuarios del sistema se debaten entre papeles y filas, dejando sobre los pasillos pedacitos de vida que escurren la poca salud de la gente más marginal de nuestro país.

Desde la ventana de la habitación, se ve en el fondo el alboroto, algunos ríen, otros se frotan las manos, ansiosos aguardan que el hombre vestido de negro, con sombrero de copa y guantes blancos, traiga trucos, magia e ilusión; al retirar la capota todos esperan el conejo, aunque no lo saque, es tan alto el entusiasmo que ya lo imaginan, es más lo aceptan y lo dan por verdad.

Al igual que la presentación del mago, quien asistía para entretener el cumpleaños de los niños, termina el colectivo social hipnotizado por una serie de elementos y acciones que presentan una realidad que no existe, todo se convierte en una ficción que terminan por aceptar y ser parte de ella.

El sistema está diseñado para crear de un lado, un grupo muy rico y del otro uno enfermo. Algunos insisten que las cosas van muy bien, la pregunta es ¿comparada con quién? Mientras no avancemos en generar espacios de equidad y justicia en la salud y la educación, estaremos sujetos a creer que el “conejo” apareció de manera sobrenatural y negar que siempre estuvo allí.

Los votos que produce los recursos de la salud a la hora de elegir a un político, debe ser directamente proporcional al número de personas que mueren despacito, en medio de las órdenes de apoyo, copagos y paseos de la muerte; esto sucede en nuestras narices.

Algunos insisten en averiguar sobre la mortalidad de los hermanos venezolanos, pero pocos quieren enterarse de qué lo hacemos los colombianos, claro, escudriñar estos temas puede revelarles sus flujos de caja y lo bajo de sus principios.

“La igualdad no significa que todos tengamos la misma riqueza, sino que nadie sea tan rico como para poder comprar a otro, ni que nadie sea tan pobre como para verse forzando a venderse” Rousseau.

Ilusionista I



Mayo 2018
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