Por Diana Granados Soler
Docente e investigadora de la Corporacion Ensayos

Diana Granados SolerEl 17 de junio se enfrentaron en la arena electoral dos proyectos políticos distintos y antagónicos para la sociedad colombiana. En este artículo me referiré fundamentalmente al proyecto de la Colombia Humana e intentaré hilar el proceso a través del cual logramos 8.134.189 votos a nivel nacional y una serie de desafíos y retos en la escala local que nos dejó este resultado.

Sin duda, esta histórica votación, además de posicionarnos como una fuerza política aglutinante de sectores por el cambio y la transformación nos abrió una importante posibilidad de renovar nuestra cultura política. No se trata solamente de las figuras de Gustavo Petro o Ángela María como líderes de esta iniciativa, se trata de la oportunidad de sentirnos movilizados/as, revitalizados, con capacidad de convergencia, con creatividad, con posibilidad de tejer alianzas y sobre todo, con fuerza para rechazar los intereses políticos de quienes van en contra de la paz, quienes defienden el capital extractivo porque se lucran de él, quienes rechazan la diversidad sexual y de género y quieren echar hacia atrás los derechos a la igualdad y quienes priorizan la lógica privada antes que la pública para garantizar los derechos a la sociedad.

En el caso de Santander de Quilichao conviene allanar el camino para defender una propuesta política que logró la convergencia de diversos sectores sociales, partidos e incluso, personas a nombre propio. La Colombia Humana obtuvo 24.162 (59%) votos frente a 15.262 (37%) obtenidos por el Centro Democrático y su coalición. El Cauca, más o menos tuvo la misma proporción 323.443 votos (65%) frente a 160.191 (32,19%). Indudablemente, estos resultados responden a diversos factores: la convergencia con la plataforma política de la Colombia Humana de un lado y la expresión de un voto antiuribista de otro. También se trata de una convergencia diversa en la que confluyeron actores que en otros escenarios pueden llegar a ser antagonistas.

Con este panorama sobre la mesa, un reto clave es avanzar en la visión de país que logramos empezar a perfilar con la campaña y traducirla con la mayor participación posible en los ámbitos locales y regionales. A continuación tres propuestas para avanzar en este propósito.

Hacia una convención municipal

El programa político de la Colombia Humana, punto central de la convergencia que logró los resultados electorales antes mencionados, debe fortalecer su anclaje y desarrollo en el nivel municipal y departamental. Sin duda, esto implica aterrizar y nutrir esta plataforma política desde las características, las problemáticas y las agendas de comunidades y organizaciones sociales. La convergencia que logró la Colombia Humana a nivel nacional debe traducirse en lo local, esto implica avanzar en un escenario municipal amplio en la definición de unas bases programáticas y de criterios para la construcción de listas al concejo municipal y candidaturas a la alcaldía. Consolidar un escenario amplio con la afluencia de diversos sectores sociales y actores políticos es un camino clave para que las posibles candidaturas no obedezcan a intereses partidistas o particulares sino que gocen de una amplia legitimidad, en tanto responden a un programa político lo suficientemente sólido y son escogidas en el marco de un espacio colectivo.

La agenda de mujeres y jóvenes

La figura de Ángela María Robledo como candidata vicepresidencial logró la convergencia de varias fuerzas organizativas, especialmente de mujeres y feministas. A nivel nacional varias organizaciones de mujeres apoyaron la Colombia Humana con su voto y su respaldo político. Por su parte muchos y muchas jóvenes también encontraron en la campaña un escenario clave para sus demandas y darle un inigualable sello creativo y simbólico a esta apuesta política.

Jóvenes y mujeres movilizadas somos claves en la construcción de este momento político para el país. En este sentido la definición de unas bases programáticas locales de cara a las elecciones territoriales de 2019 debe contar con la participación directa de nuestras iniciativas. las apuestas de los y las jóvenes y de organizaciones políticas de mujeres, no pueden ser un aditamento o un asunto de mero lenguaje en esta agenda política de convergencia. Del mismo modo no se trata de ubicar en estas posibles bases programáticas a las mujeres y los jóvenes como “temas” sino de comprender que nuestras demandas y derechos son transversales. Jóvenes y mujeres hacemos parte de todos los movimientos que, esta vez, convergieron en la campaña de la Colombia Humana y que, en el caso de nuestro municipio, conforman la diversidad social.

Nosotras tenemos mucho que decir sobre las violencias hacia las mujeres y el derecho a la diversidad sexual pero también tenemos propuestas para una economía de transición que salga de la lógica extractivista y replantee la relación humanidad- naturaleza y las relaciones de desigualdad de género. En este sentido, nuestra agenda política es vital para construir propuestas de gobierno coherentes con las necesidades, la historia y las características poblacionales del municipio.

Las voces y prácticas de sectores juveniles y organizaciones de mujeres venimos insistiendo en la necesidad de renovar la política, de contar con una perspectiva de derechos amplia, de rotar las vocerías y de ser mucho más incluyentes para salir del atavismo de “hablar siempre entre los mismos”. Una convención municipal es posible si los sectores que decidan participar acogen y entienden este cuestionamiento a la política tradicional que hacemos mujeres y jóvenes desde nuestra subjetividad política, nuestras prácticas e iniciativas organizativas.

La campaña va más allá de lo electoral

El reciente proceso electoral abre una fisura en las formas tradicionales de hacer política y por primera vez en décadas, las elecciones mostraron que hay opción de hacer oposición política pero también de iniciar la construcción de una alternativa de poder. Esta alternativa de poder no solo debe expresarse en lo electoral sino en la capacidad de construir poderes locales autónomos y, recuperando el mandato zapatista, se trata de avanzar en la lógica de “mandar obedeciendo”.

Finalmente, me parece clave señalar que una convergencia política en Santander de Quilichao tiene que apelar a la diversidad de sectores que hacen presencia en el municipio: mujeres, jóvenes, artistas, animalistas, ambientalistas, pueblos indígenas, campesinos, negros y afrocolombianos, vendedores ambulantes, estudiantes, trabajadores y trabajadoras de todos los sectores, desempleadas/os, pensionado/as, docentes, entre otros. El reto es hacer una “nueva política” y no más de lo mismo.

La apuesta por transformar la política no solo tiene que ver con la incidencia en la institucionalidad pública existente, se trata al mismo tiempo de fortalecer y avanzar en la construcción de una institucionalidad comunitaria que, en últimas es la única garantía para que la política sea un ejercicio transformador y no reproductor de la desigualdad en todas sus formas, de las violencias machistas, de la injusticia y la expropiación.




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