Jaime Soto PalmaPor Jaime Soto Palma
Las cifras hoy son escandalosas, duras, sombrías y alarmantes, 317 líderes y lideresas asesinadas simplemente por pensar diferente, ¡Qué horror!; por defender la vida, la paz y sus territorios; indígenas, ambientalistas y, defensores y defensoras de derechos humanos, cifra ésta que, no incluye sin embargo a quienes aún están en el anonimato o, a los que aparecen como comunes en las frías estadísticas de la fiscalía, ni a los amenazados y amenazadas, ni a los y las que han sido víctimas de atentados.

Cuánto nos equivocamos quienes en algún momento llegamos a pensar que el pasado ya estaba superado; que la vida iba a tener el valor que se merece. Qué ingenuos fuimos cuando creímos que en el 2007 las estructuras paramilitares se habían desmontado, que ya en este país esta horda de asesinos no reaparecerían sino para colmar un capitulo oscuro de la historia de Colombia con 8.902 asesinatos selectivos, 1.166 masacres con 7.160 muertos, 5.122 cuerpos hallados en 4.117 fosas comunes, 371 casos de tortura y sevicia, más de 1.000 niños y niñas reclutadas y, despojado más de 800.000 hectáreas de tierra, todo entre 1995 y 2006 (Datos del Centro de Memoria Histórica).

Hoy recuerdo que, en 1986 cuando empezó el genocidio contra la Unión Patriótica que dejó más de 4.000 muertos, este inició así; un asesinato aquí y otro allá, y repetía la institucionalidad tal como ahora que no había sistematicidad, que eran represalias de las FARC, que era una vendetta entre narcotraficantes, que eran hechos aislados, líos de tierras, y ni a un superado los 2.000 asesinatos, entre estos candidatos presidenciales, senadores y congresistas, no fue capaz el gobierno de asumir la responsabilidad del Estado en la barbarie que estaba ocurriendo. Tuvieron que pasar muchos años, 10, 15 o 20, quizás, y sendas condenas internacionales para que, por fin el Estado, pidiera perdón a las víctimas. Para ese entonces, ya la UP había desaparecido, los asesinatos se contaban por miles, el desplazamiento forzoso era pan de cada día y, Fidel y su hermano Carlos Castaño habían sido también coronados como los grandes defensores de la democracia y hasta de santos por algunos sacerdotes de la iglesia católica.

Nuestro error fue, sin duda, cuan románticos somos, haber creído que con la paz de Uribe y “desarmadas” en el 2007 la mayoría de las estructuras paramilitares volvería la calma y que, a lo sumo, reciclados unos o disidentes otros, su capacidad de hacer daño sería limitada, cuando en realidad, y era vox populi, que este aparataje no se desmontó, que en unidades y compañías móviles continuaban operando, y lo peor, que sus ideólogos y benefactores; políticos de la talla de Uribe y terratenientes, empresarios y narcotraficantes, seguían conspirando y delinquiendo pese a las pruebas cada vez más tenaces que contra ellos acumulaba la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Superior de Medellín y, los señalamientos de Mancuso, HH, Juan Monsalve y el excapitán del Ejercito Adolfo Enrique Guevara Cantillo Alias 101, entre otros, los cuales los señalaban de ser directamente responsables de crímenes atroces y de masacres como la del Aro y La Granja.

Ya no es pues hora de hacer resistencia a una verdad que no es de apuño, desde que se firmó el acuerdo de Paz con las FARC y ganó el NO el plebiscito, el 2 de octubre de 2016, van, hasta ahora, 317 líderes y lideresas asesinadas, en promedio un asesinato cada tres días hasta el 17 de julio, y a partir de esta fecha, de la segunda vuelta presidencial, uno diario. ¿Casualidad?, no, ni coincidencia, como tampoco lo es el hecho de que a la par con esta misma circunstancia Uribe le siga tirando torpedos a la Jurisdicción Especial para la Paz JEP con el fin de impedir que en el marco de la justicia transicional los militares inmersos en crímenes atroces cuenten la verdad al país.

No me cabe la menor duda de que Uribe terminará siendo juzgado más tarde que temprano por la Corte Penal Internacional CPI, en este país la justicia no tiene los dientes para hacerlo, sin embargo y mientras esto ocurra mucho más dolor veremos derramarse, en esta segunda ola de la orgía paramilitar hoy ya van 317 víctimas.





Portada oct 2018
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