Sensación de una mentira

Por: Ferney Silva Idrobo

Las botellas estaban de barriga sobre el piso, los vasos, algunos vacíos y otros a media vida, se ubicaban en la desordenada mesa de la sala, daban fé al igual que los cojines en el suelo, que la noche fue agitada; el olor a licor y cigarro contaba que el ambiente enrarecido había terminado por embolatar la memoria y escurrir las efemérides. Como fotos mal tomadas aparecían los recuerdos, en baja resolución, corridas y sin luz.

El cuadro del barco con el paisaje costero europeo, lo habían dejado inclinado, daba la sensación de que fuese a naufragar, la imaginación embestía el pensamiento y marinos se preparaban para saltar al agua, no sin antes colocar sus chalecos salvavidas, claro, esos barcos a diferencia de los del pacifico, todos debían tener uno.

Se levantó por el zumbido en la cabeza y los retumbos de su estómago, que hacían estragos en la mañana de ese sábado, el apartamento vacío y en silencio, aún interpretaba las voces y los sonidos musicales de esa noche de acuerdos y sensaciones; el desorden en la cocina y el salón, daban cuenta del carnaval de mentiras que había festejado la hipócrita verdad.

Llegó en ropa interior hasta la cocina y encontró vacía la alacena y su nevera, solo un café frio oculto en la jarra de aluminio que había nacido en la mañana del día anterior, parecía tenderle la mano; lo calentó y con ingenio minero busco sin fruto algo de comer, tropezó con las pilas en el congelador que había dejado hace días a la espera que se recargaran.

Ya eran las 10 de esa mañana, el reloj resoplaba en sus oídos el golpetear de las copas, aún goteaba en su recordación. El acuerdo era un hecho, la financiación de la campaña estaba consolidada, mientras tomaba un trago más, se acercaban aquellos asesores con sonrisa navideña y palmadas huracanadas, que dentro de su lenguaje manifestaban que el arreglo era el necesario y el correcto. No bebía, la última vez fue hace un par de años, cuando cambio la familia por los tragos del poder. Los dos los había perdido, la apuesta no salió bien, ahora, pensaba él, podría recuperar al menos una de las dos perdidas.

La soledad se había convertido en su única compañera, hasta el punto que tantos otoños juntos fuese ya insoportable. Si bien, compartía con multitudes, el final del día le recordaba su sitio en el tiempo y el espacio.

Sabía, que no se conformaban con asesinar el ecosistema del macizo, ni salpicar de mercurio las venas de nuestro país, ni arrancar a los niños de las escuelas a cambio de una moto, tampoco por sembrar putas en el bar o tirar vivos al río, ellos querían más, mucho más.

La noche había logrado lo que siempre habían querido, ya no financiarían campañas políticas a terceros, ahora irían ellos, lo querían todo.

El silencio cómplice de nuestros políticos a todos los niveles, abrió una puerta que no será fácil cerrar.

La minería ilegal, el narcotráfico, la tala indiscriminadas de nuestras selvas, y la delincuencia en general, ha encontrado en la política del Cauca su hábitat natural, en algunos de nuestros municipios hay una línea criminal que se entrelaza con la de apariencia legal, haciendo una sola. Hay miradas cómplices y bolsillos sin valor para enfrentarlos.

Después del café recalentado, se puso a punto con buena loción, ya no sería el candidato, pero, logró financiar su campaña, el presente, logró salvarse a cambio de ahogar el futuro.







Portada oct 2018
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