En pelota por la ciudad

Por: Ferney Silva Idrobo

Conversaban en la cafetería sobre los desnudos de jóvenes estudiantes en la competencia atlética de la ciudad, unos decían que era una afrenta a las buenas costumbres, otros, una apología a la violencia, algunos, que carencia de estética. Coincidían indignados por considerarlo bochornoso y que afectaban la imagen no solo de la urbe sino de la organización de la prueba.

Sus canas y años abrigaban momentos cercanos, porque al parecer, el tiempo borro la época donde iban a la iglesia con sus señoras, se golpeaban el pecho y purificaran su espíritu. Todo eso, para contener su doble moral, conocida por todos y callada por muchos. La mayoría de ellos visitaron a las putas más famosas de la ciudad, algunos hasta se enamoraron; pero la buena vida de cargos que sin esfuerzo consiguieron, les había permitido vivir con máscaras; acosar y sacar provecho de mujeres indefensas y necesitadas que laboraban en sus oficinas y que por su miseria, accedieron a las pretensiones temporales de amor que demandaban sin el menor remordimiento.

Mientras esparcían azúcar sobre la taza del café, la charla descubría la historia de Zeus y Hera, donde siendo hermanos, el rey griego enamorado de ella, solo encontró la forma de ganar su confianza transformándose en una hermosa ave, una vez se le poso en la manos, cantó y ganó su amistad, aprovecho el momento y la violó. Él mintió, ultrajo y daño irremediablemente su inocencia, al igual que los de la mesa, sin arrepentimiento.

Era mucho más fácil sostener la taza en reposo, olvidar el pasado y juzgar las acciones de quienes con aciertos y errores reflejan la existencia de una ciudadanía viva y vigorosa, y ¿porque no? Mostrar una sociedad en pelota, que tiene ganas de airarse.

Desde el siglo XIX, la pobreza, la desigualdad, la falta de un empleo digno, se han enquistado en el país y el Cauca. A pesar de casi 200 años, la sociedad sigue manejada por gobiernos aristocráticos, que han tenido la posibilidad de ser representados por los dos partidos tradicionales y personajes en algunos casos de origen humilde que buscaron congraciarse con la elite de dos caras, que siguen lucrándose de la miseria de la gente. No fue suficiente la pérdida de Panamá, ni la masacre de las bananeras, tampoco la muerte de Gaitán; seguimos anestesiados.

La ausencia del estado en los rincones de nuestra geografía, no obedece a las consecuencias lógicas de la mala administración pública, va más allá, es el plan de una elite que trata de contener una clase media ilustrada y con deseos de cambio.

En la época de la dictadura del Frente Nacional, se repartieron el país con el único objetivo de cerrarle paso a la opinión de la mayoría de los colombianos, y así, garantizar los privilegios que han sostenido por más de dos siglos y dejarnos como hasta ahora, viringos.

Tener una clase política corrupta, sin escrúpulos ni ética, les permite seguir gobernando, para que las bases de la pirámide social se destruyan, ellos siguen manejando los hilos del poder, sobre todo en su parte más sensible, como son los órganos de control y justicia del país.

El aumento de la delincuencia en nuestra región, es señal de un país enfermo, no en el sistema político que práctica, sino, el de una sociedad inmersa en habilidades corruptas, que arrincona el objetivo primordial del estado de garantizar el bienestar.

Terminan el café, dejan las máscaras sobre la mesa, van para sus casas, allá es con otro rostro.







Portada oct 2018
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